El Tribunal Supremo recula y deja en el aire si será la banca o el cliente quien pague el impuesto de las hipotecas. Y lo que es peor: justifica su decisión por la «enorme repercusión económica y social» de la sentencia.

¿Es legal lo que se venía haciendo? ¿No lo es? ¿No es eso lo que debe dilucidar la justicia? ¿No es eso lo que se reclama en otros y graves momentos?

Es más, si fuera por eso, tal vez hubiera tenido que tomar otras decisiones mucho antes: desahucios, cláusulas abusivas en tantas operaciones bancarias…

¿O es que la repercusión económica y social es la que afecta a unos cuantos bien conocidos y señalados?

 

Sin embargo cabe temer que desde un punto de vista práctico la sentencia ahora suspendida no iba a tener, pese a su primera apariencia, efectos halagüeños. Los bancos se la pegaron en la bolsa. ¿Pero quiénes se la iban a pegar en el futuro? ¿Quién iba a pagar la resolución judicial? O sea, que el problema está, también, en otro lado.

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