La ilustración que encabeza este escrito es una valla de Robert Montgomery , “poeta visual post situacionista” (eso dice que es, otros lo llaman poesía publicitaria, yo no digo nada).    Adivinarán  que remeda al letrero luminoso que da la bienvenida a los visitantes de Las Vegas (Welcome to Fabulous Las Vegas Nevada), un icono muy reconocido del ocio y entretenimiento norteamericano que representa a la ciudad del juego (y la prostitución). Allí todo es mentira, menos los dólares. Desde la comida, los espectáculos, las chicas … hasta los miles de casinos “temáticos” de cartón piedra, que vienen a simular y descontextualizar miserablemente desde los canales venecianos (Casino Venetian) a las Pirámides de Egipto pasando por la Torre Eiffel con los efectos más horteras y con un resultado pavoroso.  Robert Montgomery se recrea en ese icono de la “cultura” norteamericana, y en consecuencia nuestra,  para expresar La lenta desaparición del sentido y la verdad (THE SLOW DISAPPEARANCE of Meaning AND TRUTH). Pero Montgomery, tristemente, no habla solo de Las Vegas, cosa que por otra parte ya sabíamos todos en qué consiste.

Según el Principio de Incertidumbre de Heisemberg de 1927, referido a la Física Cuántica, la medida siempre acaba perturbando el sistema de medición. Dicho a mi manera el investigador altera el laboratorio, influye en el experimento y por tanto no se obtiene una conclusión objetiva  y cierta. Eso cuando el científico está en sus cabales, ya que si está condicionado o simplemente formula antes el resultado que el enunciado entonces ni Principio de Incertidumbre ni Pollas en Vinagre.

Hace poco más de un año, a propósito de los recortes de Cameron en el Reino Unido,  Timothy Garton Ash se preguntaba en El País acerca de quién o qué estaba detrás de los “mercados”. Después de consultar con los analistas y los entendidos se respondía con el  efecto Mago de Oz: al retirar la cortina, detrás de la voz atronadora, solo hay un hombrecillo que aprieta botones y mueve palancas. En el caso de los “mercados” no hay un solo hombrecillo sino unos cuantos miles que generan un problema de acción colectiva: miles de operadores toman decisiones, que una a una parecen racionales pero en conjunto resultan irracionales. Los gestores de activos miden los resultados a corto plazo y se meten de lleno en la burbuja aun sabiendo que a largo plazo se pinchará. Pero no les queda otra opción, o satisfacen las exigencias del capital (cortoplacista) o se quedan sin trabajo. Es decir, el sistema es inestable. Los neocom dirían que posteriormente la mano invisible, de Adam Smith, o el orden espontáneo de Hayek, regula y compensa. Al final hay que creer en algo superior que viene a arreglarlo, lo que pasa es que siempre se lo arregla a los mismos.

George Soros decía por esas fechas que los mercados no reflejan muy bien los hechos porque ellos mismos crean esos hechos. Lo llama la reflexividad: las realidades crean las expectativas; las expectativas crean las realidades, y así sucesivamente. El cinismo de Soros es mayor que su cuenta corriente: tiene guasa que diga eso de sí mismo cuando el solo hundió la libra esterlina.

Desde hace semanas las ONG´s nos advierten de la hambruna del cuerno de África. Esto es verdad y no tiene sentido. Dejando aparte las guerras de orígenes inciertos que el primer mundo favorece, cuando no las siembra abiertamente, para seguir vendiendo armas (España entre ellas) y que inciden negativamente en la solución del problema de la hambruna sorprende saber que Somalia, por ejemplo, era un país autosuficiente hasta 1970. No solo Somalia: desde los años sesenta la población mundial se ha duplicado pero la producción de alimentos se ha triplicado; hoy en día, según la FAO,  se produce comida para 12.000 millones de personas. ¿Entonces?

Esther Vivas, del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra y posible inspiradora de los activistas del Comercio Justo, se contesta a los interrogantes que plantea en su blog argumentando que en los años ochenta las medidas impuestas a Somalia por el FMI y el Banco Mundial para que pagara sus deudas (las que habían contraído unos dictadorzuelos) forzaron la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste. La compra masiva de suelo fértil por parte de multinacionales en África, Asia y América Latina, la subvención de los productos por debajo del precio de coste y las tormentas  financieras a las que se ven sometidos sobre todo en forma de inflación provocan el abandono del campo en zonas que llevaban siglos viviendo de él.

El precio de los alimentos lo determinan las multinacionales en las Bolsas de Valores. Se calcula que el 75% de la inversión financiera en alimentación es especulativa. Compran, venden y vuelven a comprar con el objetivo de especular y hacer negocio, repercutiendo finalmente en un aumento del precio de la comida. Estos hombrecillos del Mago de Oz que especulan en la Bolsas de futuros de Londres o Fráncfort son los mismos que causaron las crisis de las hipotecas subprime, y que ahora nos estafan con la comida y las materias primas, aprovechándose de un mercado global desregulado. Las causas del hambre, también,  son políticas.

“Es la economía, estúpidos” gritó Clinton marido para que la campaña se ajustase al target y al briefing. Y tendría razón, en cuanto a la campaña. Pero solo desde la política podemos desentrañar, no sé si resolver y evitar, el sinsentido y las acciones criminales. Hablar de economía es como discutir con un trilero: al final te lleva al huerto.

No soy nadie para dar consejos al 15M, pero no pueden jugar a ser “apolíticos” porque a esos los engulle la derecha de un bocado. Si preguntásemos a los votantes del PP, uno a uno, si en una sobremesa o en el bar han dicho en algún momento que son apolíticos y se les recomendase, en consecuencia, la abstención los populares se iban al Grupo Mixto. Así que dejen el jueguecito de “nuestros sueños no caben en las urnas” porque no van a durar más de dos telediarios.

No sabemos si esto de los “mercados” tiene sentido o no. Si es una guerra de monedas para posicionarse en el siglo XXI, cosa que yo no sé argumentar. En cualquier caso solo la política y la rebeldía puede evitar esta deriva hacia el absurdo, la frustración y el abatimiento. Como le ha pasado al melancólico de Montgomery.

 

 

Nota. Para aquellos que quieran saber más de Robert Montgomery ésta es su web , y para los que  el problema del campo magnético que sufre España nos impide aprender inglés adjunto un enlace para ver las poesías visuales de Montgomery traducidas al español.

 

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