Al contrario que algunos medios de prestigio anglosajones, por estas latitudes los periódicos han camuflado sus preferencias electorales con discursos genéricos y, en todo caso, han pedido el voto a favor de un determinado partido político sólo por lo bajines.

No, no se pretende afirmar que no lo haya hecho.

Los medios de la derecha tienen menos complejos que los que no militan abiertamente en esas sendas y, tal vez por ello, se permiten mayor sinceridad; convencidos, quizás, de que su público les premiará por su claro y bondadoso comportamiento tutelar.

Por el contrario, los medios que se declaran independientes han tirado la piedra y escondido la mano y han sugerido preferencias al tiempo que incorporaban contraprestaciones a terceros; convencidos, tal vez, de que su público navega en diferentes aguas.

En esta ocasión, el más conspicuo representante de la prensa de la Transición ha roto el tabú. El editorial Sánchez y Rivera no admite dudas.

Ahí estamos; mejor dicho, está El País.

Sin embargo, como sobre la ecuanimidad de los editoriales de este medio ya están los lectores advertidos, el periódico introduce de  vez en cuando informaciones para el disimulo. O mejor, para no enojar a quienes el día 21 habrá que seguir pidiendo ayudas con las que sobreponerse a la ruina donde habitan.

 

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