Elia Barceló, natural de Elda (Alicante) y residente en Innsbruck (Austria), no es una autora novel; de hecho, acumula libros publicados y una respetable lista de seguidores. Pese a haber vendido más ejemplares que muchos narradores con distinciones incluso académicas y haber sido traducida a dieciocho idiomas, Elia Barceló no había alcanzado el reconocimiento literario. La suya era, hasta ahora, una narrativa vinculada a lo fantástico, o tal vez a la evasión, pero ha llegado El color del silencio (Rocaeditorial 2017) y el interés por su autora se ha desbordado. Por este libro con alma de best-seller asoma un relato poderoso, sustentado sobre un complejo entramado, en el que se suceden la intriga, los sentimientos, la historia, el viaje y sus paisajes. Todo ello en el marco de un contexto social y político que recorre la España de la guerra civil hasta la Transición.

Las consecuencias de la dictadura, el deterioro de sus soportes más firmes (el ejército y la burguesía acogida a sus prebendas y a su regazo religioso), algunos de sus secreciones más repugnantes, como el robo de niños; el contraste entre la hipocresía moral instalada en el régimen y el afán libertino de la época en torno al 68, desde Paris a Sidney, forman parte de una trama basada en la familia Guerrero-Santacruz y, dentro de ella, sobre todo, en unos personajes contradictorios y sugerentes como Goyo, Blanca, Helena, Jean Paul y la ausente Alicia.

El color del silencio es un relato de culpabilidades. La culpa es una sombra que acecha la obra pictórica de Helena y la que motiva, junto a una serie de casualidades, su búsqueda alrededor de unos hechos que ocurrieron cincuenta años atrás y que van a desvelar la verdad de una familia construida sobre el silencio y la ocultación. Y sobre todo, sobre las fallas de cada uno, las que los destrozan y las que, a la postre, los obliga a desvelar sus miserias. Helena no es la única que investiga, todos lo han hacen, cada cual a su manera; ella no es la única que se reconcome por la culpa que asume, todas la sienten en su intimidad; ella no es la única que reclama la salvación o la expiación, todos la buscan a través de la verdad que reclama la muerte o exige el suicidio.

Quizás la trama adolezca de recursos en algún caso gratuitos, de casualidades excesivas para un thriller o una novela negra, pero la obra de Elia Barceló se sitúa fuera de esos límites; quizás los trazos que definen a algún personaje puedan parecer simples, pero El color del silencio no pretende un relato puramente sentimental o psicológico; quizás las pinceladas del contexto social y político resulten un tanto grueso, pero el objetivo de la autora y su obra carecen de grandes pretensiones en el ámbito histórico.

Ellia Barceló y El color del silencio trazan un viaje emocional en torno a una saga familiar corroída por la obsesión de la culpa y las contradicciones, a la búsqueda de la expiación a través del reconocimiento de la verdad. El recorrido sumerge al lector en un relato urgente e inevitable: una vez dentro de él, al lector solo le urge terminarlo.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.