De un tiempo a esta parte, a la vuelta de cada proceso electoral, solo el PSOE pierde o, mejor, solo él reconoce su fracaso.

El PP se descalabra, pero está contento. IU sube, pero deja de ser la única izquierda más allá de los socialistas: Podemos la ha puesto en evidencia en general y, en particular, en lugares tan relevantes como Madrid.

CiU sale atropellada, pero prefiere ignorarlo: su plan era de otro y siguen sin saberlo.

UPyD también se ufana, pero nadie puede explicar por el momento dónde se colocarán cuando les pille la lluvia en pleno tránsito.

A tanta victoria se sumarán esta noche, a más tardar, los medios. También todos ellos se sentirán ratificados en sus análisis y pronósticos; sus conclusiones no diferirán de lo que ya anunciaron.

Y gracias a ello, nos iremos de nuevo a la cama preguntándonos cómo es posible que, con tanta gente tan lista, estemos donde estamos.

Incluso los blogueros (no solo los tertulianos a los que detestamos) estaremos dispuestos a repetirnos. Para evitarlo, me escondo tras las preguntas:

¿Por qué la izquierda decepciona tanto y la derecha lo hace menos? Veánse los ejemplos de Francia y España. ¿Anunció Rajoy algo distinto a lo que anunció Hollande? ¿Ha acogotado su gobierno a los ciudadanos más o menos que Manuel Valls a los franceses? ¿El problema es de izquierda y derecha o de Francia y España?

¿Cuando aquí se elogia a la sociedad española porque no se entrega al populismo o a la pulsión extrasistema, estamos seguros de que eso es cierto o es que aquí esos desvaríos están incorporados en otros envases?

¿Hace falta antieuropeísmo con el modelo de europeísmo que la mayoría proclama?

¿Sería posible exigir a los partidos, al menos a los que se dicen de izquierda, respuestas para un cuestionario básico? Por ejemplo, ¿qué idea de sociedad tiene en su cabeza?, ¿cómo se pueden alcanzar los objetivos en un sociedad plural y compleja en cuanto a experiencias, intereses e ideologías?, ¿cómo convencer a las minorías para que colaboren y como respetar sus propios derechos?, ¿por dónde empezamos?, ¿de qué manera se puede ilusionar a una ciudadanía sobrada de banderas y carente de proyectos colectivos?

Y una última: ¿se han dado cuenta de que el modelo de los partidos mayoritariamente vigentes apesta? ¿Entonces?

En esa tesitura; ¿dónde están los impulsores de los nuevos proyectos, gentes con buena cabeza, sí, y con compromisos publicables, pero también de pies ligeros, sin lastre ni equipaje?

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