Tiempo de ajustes para los jubilados reales, advierte El País a quien pueda darse por aludido, en un nuevo intento de conciliar su independencia con el servilismo al poder. Debe ser eso, supongo.

Y para ello acude a una manipulación sentimental insoportable. No es que hayan perdido calidad de vida, no, es que estos nuevos pobres, que apenas perciben un millones de euros (los belgas) y medio millón (los holandeses), ya ni siquiera pueden atender a sus… ¡gatos!

Lo dice el periódico, en un esclarecedor artículo, sobre las monarquías de los otrora Países Bajos y aquí dejamos constancia.

¡Que tomen nota aquellos a quienes la advertencia pueda resultar de utilidad! No por sus súbditos, sino, obviamente, por sus gatos.

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Pensando en todo esto reafirmo una observación de Andrés Trapiello: «Deberíamos indultar algunas erratas, como esta: extremecedora. No así con griste, palabra de pleno derecho».

 

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