A Rufo Batalla, aprendiz de periodista, las veleidades del destino le acabarán convirtiendo en un discreto funcionario de la Cámara de Comercio de España en Nueva York. Sin embargo, la peripecia de este hombre simple, al que el azar depara situaciones insólitas, permite atisbar la realidad de la España de la dictadura franquista –el periodo de los 60 y los 70– con la perspectiva de algunos episodios de los Estados Unidos en tiempos de Kennedy y Nixon. El marco en que el protagonista se mueve alude a hechos o circunstancias de la realidad o de la fábula, pero sus referencias fundamentales se centran en opiniones, argumentos o criterios que subyacen o se superponen a los acontecimientos concretos y fijan algunas coordenadas inequívocas de ese tiempo en esos lugares.

De todo ello trata El rey recibe, la última novela de Eduardo Mendoza, presentada como el primer capitulo de una trilogía que se desarrollará en el marco de la España contemporánea. Sea como fuere, el escritor barcelonés reaparece tras el premio Cervantes con sus personajes cargados de naturalidad, cuyas peripecias desbordan lo real para trasladarlas a un terreno repleto de sugerencias; con su estilo elegante y claro deja siempre abierta la puerta a la ironía y, sobre todo, a una mirada ajena a lo convenido, a través de la cual invita y provoca para llevar la reflexión fuera del cliché o los estereotipos.

Como ha dicho Pere Gimferrer, el universo literario de Eduardo Mendoza, siendo profundamente cosmopolita, recibe estímulos permanentes de Cervantes y Baroja, y por ello “la visión final del mundo (que El rey recibe transmite) deriva de la alianza entre la veracidad documental y las escapadas a la fantasía que caracterizaba tanto al hidalgo manchego como a muchos héroes barojianos”.

Con Mendoza se disfruta siempre; también en este caso. La narración alegra al lector y le interroga. Lo que sus personajes formulan obliga con frecuencia no tanto a la disensión como a la necesidad de revisar las opiniones asentadas en el acervo de nuestras aparentes convicciones.

He aquí algunos ejemplos:

La Historia avanza, pero no progresa. / Después de la guerra los militares habían administrado el país como un cuartel, ahora tocaba a los civiles administrarlo como una empresa. / La noticia conmovió a la opinión pública, pero en lo sustancial los efectos del atentado (contra Carrero Blanco) apenas si se hicieron notar. / Los que pensaban así pronosticaban que los ácratas del presente serían los banqueros del futuro. / La habilidad técnica de Velázquez empeora las cosas. Si no ha sido destruido ya es porque una tasación ficticia le confiere un valor económico desmesurado. / El poder predica la democracia, pero en la práctica respalda la dictadura y desestabiliza cualquier conato de liberación. / Un artista ha de ser un canalla. Un canalla o un perro faldero, no hay alternativa. / En América, Sacco y Vanzetti pasaban por héroes o por antihéroes individuales, mientras que en Europa habrían sido dos simples representantes de la lucha colectiva por el pan y la justicia.

Estas son algunas de las referencias entre las que se mueven los personajes de El rey recibe, donde la simple y azarosa vida de Rufo Batalla se entremezcla con las pretensiones de un monarca en el exilio bajo un régimen comunista y las inclemencias bárbaras de un frío polar. Habrá que permanecer atentos a sus próximos episodios. Para volver a disfrutar de su lectura.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.