Marta Sanz reflexiona en Letras contra el escaparate, un artículo publicado en Babelia, sobre la literatura de urgencia y la defiende por su impulso moral e incluso por su imperfección. En el contexto de los recientes atentados en Barcelona y Cambrils en nombre del yihadismo y de la necesidad de trasladar conflictos como este a la recreación literaria, Marta Sanz, entre otras cosas, escribe:

“La lentitud no garantiza la profundidad y la prisa no siempre acaba en desaliño. La literatura urgente tiene un además vertiginoso que lleva implícitos el impulso moral y la imperfección que engrandecen las artes. También la posibilidad de que te quiten la bata de artista porque el artista debe colocarse al margen de las polémicas y del lado de los dioses. Entonces recordamos a Brecht, Marcos Ana, Vallejo, Celaya, Luis Carnés –renacida–; a los cantautores que hicieron eco de poetas prohibidos y cantaron sus propias tonadas urgentes –Raymond, Llacha, Serrat, Ibáñez…–, y a los que en los ochenta susurraron que aquellos eran malos tiempos para la lírica. Qué perturbadoras eran las letras de Coppini. Ahora las urgencias se resuelven en los cortocircuitos de twitter. En ellos a menudo la premura, lejos de ser el acto reflejo de un pensamiento arraigado al organismo, es exabrupto que se confunde con la libertad de expresión: en un mundo globalizado también en sus hipocresías, la incontinencia del tuit resta racionalidad al pensamiento político para apelar a vísceras y emociones. Cuando las vísceras y emociones enturbian el necesario forzamiento de la realidad democrática –la democracia es artificio contra la tendencia a imponer la ley del más fuerte: esta idea se la tomo prestada a Victoria Camps–, cuando las emociones salen de la intimidad de la alcoba y contaminan el espacio púbico, entonces aparece la amenaza del fascismo. Hitler excedió la amenaza transformándola en horno crematoria. Hoy tenemos el móvil de Trump que echa humo mientras hace política, demagógica y sentimentalmente, tuit a tuit. Lo urgente no es antónimo de la reflexión: necesitábamos un ensayo, urgente y racional, como El eco de los disparos, de Edurne Portela, para empezar el duelo por la violencia en Euskadi”.

El problema no es la prisa, la urgencia que reclama la amenaza que nos interpela y apremia, sino la capacidad para transformarla en reflexión valiosa e inteligente que se sobreponga a la emoción y aliente un refugio racional y activo contra la barbarie de unos y el lenguaje totalitario de quienes aceptan sucumbir al mero impulso pasional.

 

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