Hasta los sobres y las papeletas en las que nuestro débil sistema democrático se aposentaba (débil, porque qué se puede esperar de un órgano que se ejercita un día cada cuatro años, imagínense sus propios músculos inactivos tras ese periodo); hasta ellos, sobres y papeletas,  estaban corrompidos.

Los irreductibles defensores del sistema aducirán en su defensa que gracias a él se ha detectado el fraude y sancionado a los responsables: 55 millones de euros de multa. Sin embargo, resulta difícil mantener la fe cuando fallan los símbolos.

Quizás por ello los cardenales están obligados a quemar las papeletas de votación cada vez que concluye un escrutinio, negro o blanco. Incluso están obligados a desfigurar su letra (como Bárcenas, por poner otro caso) al escribir el nombre de su candidato. Y así, a dios gracias, se conserva el gran símbolo: la capacidad de decisión del espíritu santo.

Quienes están dispuestos a transformar la democracia liberal por otra progresista y bolivariana también lo saben. Nicolás Maduro, candidato interpuesto entre el designio salvífico de Chaves y la voluntad popular, lo ha expuesto de manera irrefutable.

Escuchen el sonido divino. [1]

El pajarito ha decidido: Maduro será presidente de Venezuela. Con dios y su espíritu santo (el de Maduro).

¿Cómo no confiar en este socialismo que se fía de los espíritus más que de los ciudadanos? ¿Cómo hacerlo en la democracia que solo escucha el silbido del dinero?

¿Será posible una simbiosis? Los norteamericanos ya inventaron las papeletas mariposa.

 


[1] La transcripción completa de la intervención es esta: Durante la mañana de inicio de la campaña, mientras oraba, se sintió bendecido por un pequeño pájaro en el que se habría transfigurado el espíritu del comandante. “El pajarito me vio raro, ¿no? Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue y yo sentí el espíritu de él”, “Lo sentí ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: ‘Hoy arranca la batalla, vayan a la victoria, tienen nuestra bendiciones’. Así lo sentí yo desde mi alma’.

 

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