¿Se puede separar radicalmente la actividad diaria de las emociones? ¿Una cosa es el trabajo y otra el cariño? ¿Una la distancia, la separación, el extrañamiento y otra el amor? ¿Todo eso, junto, en las situaciones extremas, se puede vivir por separado?

Ese es el propósito de este programa: conocer personajes con una relación emocional muy intensa, que han decidido desarrollar su vida muy lejos de esos afectos, salvo en unos instantes, cada cierto tiempo. en los que se permiten dar rienda suelta a sus sentimientos.

¿Servirá este planteamiento para entender a los que renuncian, por necesidad o por deseo, a una actividad próxima a sus emociones? ¿Servirá para valorar la dureza de su vida cotidiana y la soledad frente a la frustración profesional, laboral o de cualquier otra índole? ¿Servirá para emocionarnos y entendernos?

Con ese propósito, y pensando en las nuevas tecnologías como instrumentos fundamentales para la transmisión de emociones, y no sólo para el trabajo, he planteado un programa al que denominé «Larga distancia».

Desde que lo pensé, he tenido ganas de hacerlo, aunque me obligara a estar lejos de las personas a las que más quiero.

 

 

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