¿Qué va a ser de mí cuando termine la carrera profesional? ¿En que situación física me encontraré? ¿Cuál va a ser mi nivel de salud? ¿Podré desarrollar mi propia vida con normalidad? Las preguntas se las hizo Rafael Nadal tras retirarse del Abierto de Australia por lesión.

¿Cómo es posible que decenas de gimnastas norteamericanas fueran abusadas por un miembro del equipo técnico de la federación? ¿Por qué situaciones de estas características se repiten en numerosos países y deportes, y en algunos, de manera especial?

¿Estas preguntas pertenecen al ámbito deportivo o solo deben circunscribirse a otro más general, el de las sociedades donde habitan estas personas y los supuestos asaltantes?

Las cuestiones planteadas por Nadal han sido avaladas por técnicos y deportistas. No son nuevas. El deporte elevado a la alta competición deja de ser una actividad física saludable y sus valores en el ámbito formativo se limitan de manera considerable.

Respecto a lo primero, quienes lo practican en esas condiciones de exigencia lo conocen perfectamente y, desde esa perspectiva, ellos mismos aceptan los riesgos. Se puede responsabilizar a otros estamentos; en particular, a quienes controlan la competición y programan unos torneos excesivos, a las exigencias que se imponen a los mejores y, en el caso del tenis, a la proliferación de pistas duras… La lista parece demasiado amplia, pero todo ello responde a un planteamiento en el que los beneficios económicos, el negocio del que participan en buena medida los mejores jugadores, son el único dios verdadero y el espectáculo deportivo, la competición exacerbada, su único profeta.

Los líderes del ranking, los que juegan más partidos, recorren más kilómetros, se entrenan más duro, son copartícipes del abuso. El deporte cedió ante el espectáculo deportivo y este se convirtió en un mero objeto de actividad económica. Los espectadores, antes que aficionados, son consumidores

Los abusos en el deporte –malos tratos, abusos de poder e incluso sexuales– también parecen relacionados con la confusión que genera la identificación de espectáculo y el verdadero deporte. Cuando la victoria y el record se anteponen a cualquier otra consideración –el juego, el disfrute, la técnica, la belleza, el sentido colectivo o la originalidad, por ejemplo–, la actividad puramente deportiva se degrada y la admiración que generan algunos deportistas confunde en la medida en que trasmiten valores espurios.

Esta concepción aberrante del deporte exige dedicación exclusiva, horarios exhaustivos de entrenamiento, sumisión de cualquier actividad cotidiana al cumplimiento del objetivo y, en muchas ocasiones, la renuncia desde la infancia a un desarrollo físico y mental razonable, a la realización de actividades formativas y socializadoras y a la adquisición de hábitos dietéticos y lúdicos adecuados. En ese sometimiento absoluto al único objetivo se sobredimensiona el poder de los técnicos y entrenadores, convertidos en la única referencia legitimadora de comportamientos tan extremos.

Aplicados estos principios sobre niños y adolescentes obsesionados con la meta deportiva, con el estímulo desmesurado de sus propias familias, la sumisión al coach no admite resquicio. No hay otro preceptor que pueda competir con él.

Para colmo, esos ámbitos tan cerrados y ensimismados, tampoco resultan liberadores, al contrario, ampara a personalidades oscuras. El deporte ofrece casos abundantes y algunas especialidades resultan especialmente proclives a este tipo de desvaríos, a los que no son ajenos los tratamientos incluso quirúrgicos, los estimulantes y las drogas.

¿Cómo explicar entonces la sorpresa mayúscula con la que se ha acogido el caso de las niñas gimnastas que fueron abusadas en Estados Unidos por alguno de sus técnicos? ¿No había precedentes innumerables? ¿Pesó más la magnitud del caso, el lugar donde se ubicaba o la pura hipocresía?

Nótese, sin embargo, que los planteamientos dominantes sobre el deporte resultan plenamente coherentes con los valores de la sociedad en que vivimos. ¿Cabe, pues, un planteamiento saludable del deporte en esa misma sociedad?

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