UNA DE GÁNSTERES EN LONDRES

281588.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxInspirándose, a través de un libro de John Pearson de título bastante explícito, «La profesión de la violencia», en la vida de dos personajes reales que ya habían sido llevados a la pantalla, entre otros, por Peter Medak en Los Krays (The Krays, 1990), el estadounidense Brian Helgeland firma esta nueva adaptación, ambientada en Londres a comienzos de los años sesenta.

Mejor guionista que realizador –suyos son guiones tan notables como los de L.A. Confidential (1997), de Curtis Hanson, y Mystic River (2003), de Clint Eastwood–, Helgeland ensaya en este sexto largometraje como director una especie de película de gánsteres a la americana, y más concretamente al estilo desarrollado por Martin Scorsese y otros notables cineastas contemporáneos, incluida una buena dosis de Tarantino, para narrar el ascenso y caída de los hermanos Reginald y Ronald Kray, reyes del hampa en la capital británica, donde intentaron desempeñar papeles parecidos a los que el cine y la televisión nos han ofrecido de los clásicos Al Capone y John Dillinger, por ejemplo, o modernos como Tony Soprano y tantos otros.

326042.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxEl primer problema consiste en que el uso de la violencia psicológica y sobre todo física está planteado con tal brutalidad e insistencia, que la película acaba pareciendo, en algunas secuencias al menos, una parodia de los ejemplos citados, hasta el punto de perder todo interés para el espectador menos dispuesto a contemplar esa pirotecnia fácil que a comprender, si fuera posible, la personalidad y relevancia social e histórica de los dos protagonistas.

Gemelos muy diferentes entre sí –Reginald se nos presenta como un tipo ambicioso, calculador, autoritario y cruel hasta extremos insospechados, mientras que Ronald aparece como víctima de un trastorno psíquico, caótico, con frecuentes estallidos de furia, dispuesto a exhibir con orgullo su homosexualidad, algo difícil en aquella época incluso para Gran Bretaña–, los Krays quedan lejos, según la imagen que da de ellos el filme, de esa leyenda que promete un título sin duda pretencioso, por muy importantes que fueran sus crímenes y manejos, que implicaron por lo visto a altas jerarquías de la sociedad británica.

330226.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxJunto a ellos, y a una galería de figuras que más parecen caricaturas propias del cómic que personas con entidad y matices, es posible que el personaje más atractivo, aunque perfectamente previsible, sea el de Frances Shea –espléndida Emily Browning–, joven de humilde extracción que se enamora perdidamente del arrogante Reginald y consagrará su vida a hacerlo cambiar de actitud, como tantas otras heroínas de la literatura y el cine, teniendo que soportar terribles sufrimientos de todo tipo sin conseguirlo. Y es curioso que la película le encomiende la extraña función de hacer de narradora esporádica en over, empleando un procedimiento narrativo que recuerda al del personaje de Joe Gillis –inolvidable William Holden– en El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950), de Billy Wilder, aunque pueda parecer una herejía citar esa obra maestra a este propósito, y aunque la explicación de la procedencia de esa voz, cerca ya del desenlace, modifique sustancialmente, para peor, la significación de ese recurso.

328073.jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxPor lo que se refiere a la actuación de Tom Hardy, que al parecer se empeñó en interpretar el papel de los dos hermanos, teniendo que someterse a una intensa labor de maquillaje y a trabajar la diferencia de voz forzando la de Ronald hasta la exageración, la verdad es que no aporta gran cosa de fondo, aunque quizás aspire a algún premio importante por su denodado esfuerzo. Está muy lejos de su magnífica intervención como protagonista único y encerrado en un coche en Locke (2013), de Steven Knight, a la espera de ver su rendimiento en la muy publicitada El renacido (The Revenant, 2015), de Alejandro González Iñárritu. La película no habría perdido nada si un actor diferente incorporara a cada uno de los dos hermanos, se habría ahorrado mucho trabajo digital, de planificación y montaje, y habría perdido buena parte de ese aspecto de más difícil todavía, que acaba de arruinar su sentido último, si es que lo tenía.

 

FICHA TÉCNICA

«Legend». Dirección y Guion: Brian Helgeland, sobre el libro de John Pearson, «The Profession of Violence». Fotografía: Dick Pope, en color. Montaje: Peter McNulty. Música: Carter Burwell. Intérpretes: Tom Hardy (Ronald Kray / Reginald Kray), Emily Browning (Frances Shea), Paul Anderson (Albert Donoghue), Christopher Eccleston (Nipper Read), Joshua Hill (agente Scott), Colin Morgan (Frank Shea), Nicholas Farrel (doctor Humphries), Chazz Palmintieri (Angelo Bruno). Producción: Croos Creek Pictures, Working Title Films y Anton Capital Ent. (Reino Unido y Francia, 2015). Duración: 130 minutos.

 

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