Efectos de la sobremesa o los chupitos. Epílogos de una comida abundante en testosterona. Un plan para enturbiar la vida pública en beneficio de algún personaje tenebroso. Manipulación con ánimo de exacerbar conflictos en unas instituciones frágiles. Imprudencia manifiesta por la complicidad con individuos turbios.

De todo eso pudo haber en las conversaciones que implican a Dolores Delgado, Baltasar Garzón y José Villarejo y otros policías cuya calaña pasó del reconocimiento oficial a la sospecha legal (por el momento, puesto que puede ir a más).

Todo ello se ha convertido en instrumento de la indecente batalla política que impera y en material informativo de relumbrón o de portada por unos medios con más ánimo de bronca que de discernimiento. Un retrato en fin de una sociedad sin rumbo, porque, carente de timón, se ve sometida a los vaivenes de los vientos que unos pocos agitan con direcciones arbitrarias, ingobernables.

Hay algo digno de dilucidar: ¿utilizó su cargo la fiscal para intervenir en algún asunto discutible a favor de sus interlocutores?, ¿mintió la ministra?.

Por el momento, de lo primero no parece existir prueba alguna. De lo segundo, para ser exactos, existe una nota inicial del ministerio, muy tajante, que niega cualquier reunión entre la titular de Justicia y el policía encausado, a la que sigue casi inmediatamente una comparecencia personal de la propia ministra para matizar el primer comunicado –negando la existencia de reuniones de tipo oficial o relacionadas con sus responsabilidades–, una solicitud para dar explicaciones en el Parlamento y varias notas con desmentidos y modificaciones distintas.

¿Cuál es, ahora mismo, el caso? ¿Dónde estamos?

En el propósito de utilizar la estrategia de los posibles delincuentes para expandir podredumbre y hedor en la vida pública y la convivencia o la voluntad de anteponer el todo vale en aras del poder o la audiencia sobre cualquier propósito de rigor y transparencia. El editorial de El País de este domingo, titulado Un estilo insoportable, resulta ejemplar –digno de la nueva etapa del periódico.

¿Aún así, seguimos?

No hace falta ser un lince para estar seguro.

¡Qué nivel el de nuestro debate público! Sonroja. Indigna. ¿Estamos todos bebidos?

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