Se recomienda a quienes deben someterse a la acción implacable del dentista que, apenas tumbados sobre la camilla, echen mano a las partes pudendas del doctor y, mirándole fijamente a los ojos, le adviertan:

–No vamos a hacernos daño, ¿verdad?

Esta práctica solo puede realizarse con éxito, bien es cierto, si el dentista es varón; por sus partes.

Pues bien. Los griegos acaban de ser convocados a las urnas para elegir nuevo gobierno, ya que han sido incapaces de elegir nuevo presidente. Y ante las expectativas de que  gane el populismo izquierdista de Syriza (así lo llaman), el FMI ha lanzado su advertencia:  “Queda interrumpido el rescate”. O sea, el Fondo, sabedor de sus debilidades, se ha adelantado a la posible maniobra de los griegos y les ha lanzado su “no vamos a hacernos daño, ¿verdad?”.

Llegados a este punto, el paciente tiene dos soluciones: acojonarse y someterse al bisturí, al alicates, al apretón y al manoseo, o, mientras la camilla se sitúa suavemente en posición de reposo, lanzar una patada contra el dentista a la altura de sus mismísimas pelotas. 

Si lo hicieran con tanto acierto que al dentista se le aflojaran las manos, los alicates, el bisturí e incluso la razón última, la genital, de sus bravatas; si así fuera, entonces sería bueno subir la maniobra a YouTube para aprender y ensayar la técnica. Eso, eso; sería bueno.

 

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