Los medios de comunicación públicos se encuentran una situación crítica, a vida o muerte.  Por su profundo descrédito general, desde los más grandes a los más pequeños; por el estado extremo al que se han visto abocados algunos tan significativos como Canal Nou o Telemadrid; por la incapacidad de los responsables de formular alternativas. Algunas que en los últimos meses parecían alentar ciertas expectativas han fracasado antes de nacer.

La crisis no solo es profunda sino también general. La enfermedad se antoja desesperada y la metástasis afecta a todos los ámbitos: al modelo de contenidos, a los informativos, a la gestión, a la financiación, a las fórmulas de producción… El modelo público, en definitiva, no solo no goza de buena salud sino que está carcomido, por más que los intereses que confluyen en él aún soporten su estructura.

Las referencias internacionales (la BBC, las alemanas e incluso la semiprivatizada Televisión Francesa o la RAI) han alentado el espejismo de que la televisión pública es posible. Pero también sus modelos, aunque socialmente más asentados que los españoles, presentan grietas y se aguantan en medio de la confrontación ciudadana y el debate político, con la consiguiente pérdida de recursos y objetivos.

En ese contexto están surgiendo movimientos que tratan de llevar al primer plano del debate ciudadano y político, en vísperas de unas elecciones que se antojan extraordinarias por las expectativas depositadas en ellas, la cuestión de los medios de comunicación públicos.

TeledeTodos es un ensayo completo y complejo desde una perspectiva clásica de los defensores del servicio público, que cristaliza en una propuesta minuciosa y detallada, uno de cuyos ejes consiste en desalojo de los representantes políticos (hasta dejarlos en manifiesta minoría) de los órganos de gobierno de la Comisión de Control (órgano máximo para públicos y privados) e incluso de los de la dirección de las distintas  cadenas.

A su vez, en algunas comunidades se han abierto (Les Illes Balears, por ejemplo) foros de discusión que buscan soluciones, de ejercicio y de planteamiento, a unas nuevas televisiones autonómicas.

Y en algunos medios –infoLibre, por ejemplo– se ha creado un espacio para esta reflexión en estos ámbitos, iniciado, precisamente, por Fran Llorente, el director de informativos de TVE desde 2004 hasta 2011, el periodo de mayor reconocimiento de pluralidad y equilibrio de la televisión pública estatal.

Era necesario. El momento que atraviesan los medios públicos españoles requerían, sin duda, una sesión clínica urgente, capaz de afrontar la gravedad del paciente: a vida o muerte.

¿Bastará? ¿Será tarde? ¿Se atreverá “la familia” a aplicar la terapia necesaria?

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