Los partidos cercan al PSOE. Venían haciéndolo desde que se conocieron los resultados electorales. En los últimos días la presión ha arreciado. Los poderes económicos estrechan el ruedo. Algunos dirigentes de la propia formación invitan a ceder… por responsabilidad.

¿Qué será eso?

¿Plegarse al que no ofrece alternativas, renunciar a políticas que corrijan el rumbo de los cuatro años pasados, aceptar a un presidente indigno? ¿Por dónde se empieza a hablar?

Por ninguna parte.

 

El PP trata de salir indemne sin mojarse ni mancharse. A Ciudadanos le interesa recoger lastre por el lado más liberal de los socialistas. A Podemos, acaparar votos de quien le disputa la representación de la izquierda (se la llame como se quiera, pero imprescindible para un verdadero cambio de rumbo y de gobierno, cuando toque, si toca)

melillaLa gravedad del acoso la amplifican los medios de comunicación. El PSOE reacio al sometimiento está rodeado por los grandes periódicos nacionales, cuenta con muy escaso respaldo entre los digitales influyentes, carece de predicamento en las cadenas de televisión y goza de la manifiesta hostilidad de la pública, no hay grupo radiofónico que no lo vapulee o, al menos, lo señale como el presumible causante del mal que ha de llegar, si no se aviene. Sin brillo en las redes sociales donde disfruta de muchos más adversarios que seguidores, su fracaso es consecuencia de múltiples causas, pero en buena medida de su incapacidad mediática y de la animadversión que recibe; no sólo, aunque también, por propios merecimientos.

El PSOE estaba condenado al fracaso por su pérdida de credibilidad, pero, a medida que transcurre el tiempo, parece abocado a la desaparición. Sólo sirve para afirmar a los demás, ya sea exculpando al PP o dando alas a Podemos, que disfruta de la situación pensando en sus réditos.

Cattura inmigrantes melillaVeremos.

Al PSOE le hace falta mucha pedagogía. Pero ese arte requiere instrumentos. Sin contraprestaciones nítidas antes de cualquier condescendencia, el PSOE habrá defraudado a la mayor parte de sus electores. Sin una voluntad inequívoca de oposición, para intervenir nítidamente en el rumbo del nuevo gobierno, apoyando las medidas consensuadas con criterio e impidiendo cualquier agravio a las principales víctimas de la crisis; es decir, convirtiéndose en el fiel de la balanza de ese ejecutivo en minoría o, dicho de otra manera, en el gobierno efectivo desde el parlamento bajo la permanente amenaza de la censura o el bloqueo; sin todo eso, habrá cavado su fosa para los restos.

Y aún así debería exigir la dimisión previa del presidente al que Pedro Sánchez calificó, razonablemente, de indecente. Sería un primer paso, tal vez ineludible, para que sus renuncias resultaran aceptables. Pero todos los que acosan al PSOE evitan estos planteamientos.

El cerco, los cercadores, lo ven de otra manera. ¿Qué puede un partido sin un mínimo respaldo de los medios y sin alternativa comunicacional? De ahí se deriva la consigna: apretar el garrote, exigir el harakiri del abandonado, empujar al abismo a la víctima del síndrome de depresión.

Por eso lo presentan como una medida profiláctica o terapéutica.

imgresLos partidos cercan, los medios ahogan.

El acosado, haga lo que haga, solo acierta a autodestruirse. No tiene salida y apenas le queda un limitado afán de supervivencia.

¡Cuánta desvergüenza!

¿Pero por qué la salida a la situación electoral no afecta a ningún otro? ¿Y si fuera así, por qué los otros acusan y acosan? ¿Y los medios quiénes son, qué intereses defiende, a qué juegan? Algunas voces escondidas de Podemos y otras de IU apuntalan estas peguntas. Sus formaciones las acallan.

Un día todo pasará. Como si nada. Al cabo del tiempo, tal vez, dolerá tanto prejuicio carente de debate y argumentos.

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