TVE ya tiene nueva jefa de informativos bienvenida por quienes más habían reclamado desde dentro contra la manipulación del medio público..

La administradora única ha buscado en la SEPI a un nuevo director general corporativo que procede del accionista de referencia bajo el que se esconde el ministerio de Hacienda, cuyos criterios tienden a ser mucho más administrativos que eficientes.

Tercera pieza: mantiene al director de TVE, un profesional con pedigrí al servicio del PP, responsable de… Cárdenas, por poner un ejemplo.

A partir de ahí, otros nombramientos de interés. La secretaría general añade un cargo para Elena Sánchez Caballero, el enésimo de una profesional discreta.

El futuro de La2, si el director de TVE lo consiente, queda en manos de un profesional incuestionable, aunque apartado en los últimos años por decisión superior.

De RNE, siempre el patito feo, se sabe poco. El director anterior era un profesional afable; le sucede una profesional interesada en la cultura, que no es poca cosa en estos tiempos.

Al símbolo de la mejor etapa de la televisión pública (director de informativos durante un largo periodo) se le encomienda la búsqueda de fórmulas de futuro: asunto no menor, si el presupuesto abunda y los programadores está dispuestos al riesgo.

La dirección de comunicación se encomienda a otra persona desplazada de la primera línea en los tiempos más recientes.

Todos ellos han sido nombrados para los tres próximos meses. Apenas para mostrar que otra radio/tele pública es posible. Y para avalar el método y la necesidad de un cambio estable y prolongado.

Poco tiempo para una transformación tan radical: hasta ahora las etapas malas, regulares e incluso las buenas (alguna hubo, aunque efímera) fueron el resultado de una decisión externa: un presidente y unos directivos en ningún caso requeridos o reclamados por los trabajadores (o una parte significativa de ellos). En esta ocasión los trabajadores (o una parte significativa de ellos) han exigido el cambio y la nueva dirección sale en buena medida de los vindicadores. Asumen tanto mérito como responsabilidad. Cumplieron con dignidad en la protesta y ahora no pueden defraudar en la tarea que reclamaban.

En este momento en que la radiotelevisión pública española está en manos, más que nunca, de sus propios cuadros profesionales, la garantía fundamental del éxito radica en un principio divergente: RTVE no les pertenece a ellos. La radiotelevisión pública es de los ciudadanos y a ellos se deben sus profesionales; algunos, en no pocas ocasiones, han confundido los términos. Este debe ser otro tiempo.

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