El Banco de España quiere lavarse las manos.

Mira hacia atrás y encuentra ineficiencia, absentismo e incluso podredumbre en sus propias gestiones. Replica con medidas de control, tal vez exigidas por otros. Sin embargo, no es ese el fondo del problema:

– ¿Con qué criterios van a actuar?

– ¿Cuáles son sus prioridades?

– ¿Qué objetivos reclama a la banca?

– ¿Ante quién rinde cuentas?

De nada de eso se habla.

 

Quieren, eso dicen, asegurar la adecuación profesional de los altos cargos de los bancos, revisar la auditoría interna… Medidas técnicas en aras de la eficacia y la independencia.

Acerca de la independencia de los economistas en los centros de decisión y de su eficacia conocemos la frecuencia y magnitud de sus errores, sus descalabros, sus corrupciones y, en cualquier caso, sus vínculos con el poder económico y también político.

Esas mandangas ya… no nos sirven.

 

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