No hacía falta prestar mucha atención a la información que desplazó el interés mediática de la catástrofe de la inmigración para saber lo que ocultaba. «El Gobierno reforma el Constitucional en vísperas de las elecciones», dijeron los prudentes (de derechas). El titular más cercano a la realidad lo leí esta vez (aunque cada día esta circunstancia sorpende más) en El País: “El PP reforma el Constitucional para poder inhabilitar a Mas”. A otros medios les costó llegar a esta conclusión, que ni siquiera era la buena o la clara.

¿Cuál es la definitiva?

Esta: “Mariano es un cobarde” . Subtítulo: “En lugar de asumir la responsabilidad de afrontar una declaración de independencia tras las elecciones autonómicas en Cataluña, Rajoy le suelta el muerto al Constitucional” . Más clarito: “Mariano encarga al Constitucional que suspenda la autonomía de Cataluña, si los electores respaldan a Mas” .

Contra facta non valent argumenta.

Felipe González , Duran i Lleida y hasta Alfonso Guerra, cada uno a su estilo, pueden dejar de escribir cartas a nadie. Mariano no perora, actúa a escondidas. No será él sino el “árbitro constitucional” quien decida si se lanza el penalti, se anula el partido o se suspende la liga.

¡He ahí un líder: Mariano, el pávido!

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