Juegan al fútbol como nadie. Han conseguido una admiración mayoritaria. Han desbancado al gran patrón del afecto popular y partidista. O sea, son el mejor club posible.

Enmascaran una permanente reivindicación nacionalista. Son objeto de la manipulación de políticos locales. Han sido manejados por tipos sin escrúpulos, desde el facherío más rancio al especulador más esquinado. Han acogido a mangantes sin cuento.

¿Es por eso por lo que le dicen más que un club?

Lo primero le distingue. Lo segundo le iguala, como mínimo, a sus rivales.

Entre el éxtasis y la patraña no caben intermedios.

Esta noche veré un día más al Barça. Y luego denigraré a los apologetas de todo lo que esconde.

 

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