Los padres y sus dos hijas, de 11 y 9 años, mueren mientras hacían barranquismo en el Valle del Jerte. Sobrevive el hijo mejor de la familia (seis años) y el instructor.

No parecía una actividad de alto riesgo. Sin embargo, una tormenta tempestuosa, aunque no imprevista, provocó la catástrofe.

El instructor hizo cuanto pudo y supo. Tal vez, incluso, todo lo debido.

Sin embargo hay preguntas que requieren respuestas: ¿Los instructores de estas actividades tienen preparación suficiente? ¿Bastan los títulos que expende tras un leve cursillo las administraciones regionales, los ayuntamientos e incluso alguna asociación recreativa? También hay universidades (universidades y públicas, sí, vaya usted a saber por qué) que respaldan formaciones de esa índole con el afán de conseguir ingresos.

Y cuando ocurren hechos como los de Jerte, u otros más leves, ¿responden los docentes, los expendedores de títulos, las instituciones que los amparan?

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