“Actuación irreprochable del Rey”. Así concluye El País un editorial tituilado Unidad real.

¿Era necesaria tal conclusión? ¿Es justa?

El editorial ensalza sin ambages el discurso de Felipe VI relacionado con el estado de alarma provocado por el coronavirus y critica la protesta de miles de ciudadanos contra las corrupciones recientemente reconocidas por la Casa Real. Acepta que todos los que “participaron en la protesta y en la reclamación ejercieron un derecho inalienable”, pero añade que “no reconocer las evidentes prioridades e ignorar el sentido de la oportunidad, mezclando unos problemas con otros, solo puede ser prueba de oportunismo”.

¿Oportunismo espontáneo o réplica a una provocación previa? ¿De quién?

Hechos: la Casa Real reconoció las corrupciones detectadas un año después de conocerlas, pero solo decidió sugerirlas, precisamente, en el momento en que la crisis del coronavirus tuvo a toda la sociedad española en estado de alarma y, en consecuencia, atenta por completo a lo más urgente. No fueron los ciudadanos los primeros en mezclar “unos problemas con otros”. Fue la propia Casa Real, y no por casualidad o ingenuidad.

Se puede convenir con el editorial que “no es oportunismo lo que exige este tiempo, ni lo que conviene al país”. Por ello y tras lo dicho, cuesta apelar a “lo que merece la actuación irreprochable del Rey”.

Esa valoración final del editorial de El País no es tanto una conclusión como un punto de partida; es decir, un prejuicio. Basta retrotraerse a otro editorial anterior, de apenas tres días antes. ¿Cabía esperar de ese periódico una actitud diferente?

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