Guión de un reportaje emitido en la primavera de 1989.

Todos los países de la Europa del Este habían iniciado una revolución que asombraba al mundo. Sólo Rumanía, amarrada a las cadenas del último tirano del viejo continente, resistía a lo inevitable.

1971_gerard-ford-in-romania-cu-nicolae-ceausescu-in-fundal-casa-scanteii-636x400En unas horas el dictador pasó de sus palacios dorados al paredón y la oposición, integrada por dramaturgos, poetas, militares, asumió el poder después de la matanza de ciudadanos indefensos y en medio de la guerra contra una policía sanguinaria.

La televisión retransmitía, paso a paso, la transformación del país. Los ciudadanos reclamaban en la calle, al pie de los carros de combate, el vértigo de los cambios.

En menos de quince días el todopoderoso Partido Comunista fue enviado a la clandestinidad. Ningún otro país se había atrevido a tanto. El Frente de Salvación Nacional acabó por aparcar su decisión hasta que pueda ser sancionada por un referéndum popular.

912614-3x2-940x627Las amenazas sobre la perestroika soviética, las tensiones entre el clamor popular y los poderes residuales de la RDA, el vértigo de Rumanía resaltan la voluntad popular de acabar con un sistema que aplastó la libertad y las dudas sobre el final de un camino que se hace, se está haciendo, al andar.

Dicen que el propio Mijail Gorbachov sabe muy bien que la Unión Soviética no funciona, pero apenas conoce a dónde quiere llegar. Asegura tan solo que moverse es avanzar. Y que el mundo, gracias a él, ya se ha movido bastante.

En ese contexto los interrogantes acechan al mundo. Se vive un clima de distensión y entendimiento. Un fantasma se aleja de Europa, pero, destruida la vieja utopía, se teme el auge de los nacionalismos hasta el nazismo, el incremento del fundamentalismo hasta la barbarie, la expansión de las religiones y los mitos hasta el fanatismo, el impulso del liberalismo hasta la definitiva renuncia a la igualdad.

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