Debía ser tan obvio que Donald Trump tuvo que aceptarlo.

La población de Estados Unidos equivale al 5 por ciento de la población mundial; sin embargo, el número de presos alcanza el 25 por ciento de las personas reclusas en todo el mundo. ¿Por qué? Por el sistema de “tres delitos y fuera”, que condena a un mínimo de 25 años a quien haya delinquido en tres ocasiones, sin importar el tipo de delito o sus circunstancias, y por otros cuantiosos disparates vigentes en la legislación norteamericana. El Senado norteamericano ha decidido corregir con una amplísima mayoría algunos disparates modificando la norma legal.

Sin embargo, lo que parece razonable e incluso sorprendente puede ser mera apariencia.

¿En algo tan obvio puede existir razones perversas? Si el presidente explica la decisión tuiteando “¡Nos ahorrará millones de dólares!”, cabe temerlo. Más aún si detrás de los cambios legales asoman la patita del yerno y hombre de confianza del presidente (y de sus amigos rusos), a cuyo padre se le aplicó el sistema de los three strikes and out.: y la asoman también el negocio de las empresas que fabrican los sistemas de controladores electrónicos que se implantarán a partir de ahora y los beneficios de las empresas privadas que gestionan las cárceles estadounidenses.

O sea, que ni de lo que parece justo y razonable puede uno fiarse, si en derredor se mueven personales y móviles siniestros.

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