El ministro del Interior, Jorge Fernández, ha ido a Roma y, enterado de cómo están las cosas en el Vaticano, ha presentado su candidatura al Espíritu Santo.

Para ver si los cardenales se dan por enterados ha proclamado:

“La Religión no puede ser considerada una maría, y debe tener el mismo rango que otras asignaturas fundamentales». (¡Tras el fin del relativismo que propugnó el papa dimisionario, el del laicismo, por el que aboga el candidato!)

«Si nos oponemos al matrimonio entre personas del mismo sexo, no podemos usar argumentos confesionales. Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonios no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada». (Primera medida del aspirante a pontífice: premios de natalidad a escala iglesia universal, obispos y cardenales incluidos).

Aún así no es seguro de que vaya a ser elegido santo padre. Pero si puede seguir siendo ministro, ¿por qué no?

Concluida la enésima operación del Rey (ahora como consecuencia de una hernia que llevaba tiempo dando la lata), el Príncipe ha enfatizado: «El equipo médico ha hecho un trabajo magnífico. Ya está despierto”.

¿Tiene eso mérito? ¿Es lo que él deseaba o, tal y como están las cosas, no le reconfortaría más un largo sueño?

Comentarios de un experto que no requiere comentarios:

“En el caso de la austeridad, es mejor preguntar a un psiquiatra que a un economista. La UE es una jaula de masoquistas camino de convertirse en un manicomio”.

“Una buena cosa sería prohibir a los ministros de Educación hacder nuevas leyes. El país lo agradecería”.

Lo suscribe Antón Costa y no se me ocurre nada que objetar.

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