Habla Rafael Hernando. El señor H. no lo había imaginado: está dispuesto a votar a Podemos. Por no decir, a cualquiera que no sean ellos.

Irene Montero, al defender la moción de censura, se despoja de su anterior ropaje de clon. Describe la realidad política de este país y la analiza de manera reiterada en dos palabras que resuenan mil veces: ¡Qué vergüenza!

Si el señor H. no lo advirtió, tal vez sea porque ni ve ni oye ni entiende.

O quizás porque le confunde la vibración de sus audífonos: ¿hay que gritar para decir la verdad? ¿Es el grito el lenguaje verdadero?

El efímero portavoz del PSOE deja un texto para salir de dudas: lee un documento de estrategia fabricado en los laboratorios de Podemos. Al señor H., que aún tiene días en los que habla y cree en la necesaria confluencia de la izquierda, le resulta descorazonador. El absolutismo no necesitaba las reflexiones de Maquiavelo, dice.

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