Me levanto con la acidez provocada por el Informe Semanal de la noche del sábado. Deberían trasladarlo a otra hora menos indigesta. Es lo único que se me ocurre.

Repaso:

Empieza el programa con un reportaje sobre la imputación de la infanta que no es lo que parece, porque desde el primer instante ya se advierte de que no está imputada hasta que el juez lo determine después de la comparecencia que por el momento no se producirá y que, si se produjera, que no debería, será un sinsentido del juez, al que nadie, absolutamente nadie de los comparecientes en el reportaje, apoya.

Luego, un reportaje sobre una semilla de maíz, no se sabe si transgénica, que mejora el rendimiento del cereal en comunidades indígenas y depauperadas de Guatemala. Ni las imágenes ni el contenido pueden ser más pobres. Más aún, muchísimo más, porque del reportaje no hay más culpables que los propios autores.

Y para terminar, la apoteosis: Julio Iglesias: un genio al que rendir tributo.

Firmado Jenaro Castro. TVE. RTVE.

Se recrudece la acidez. Vomito todo el programa. No tenía fecha de caducidad, tampoco fecha recomendada, pero olía a 50 años, por lo menos. He tenido que echar amoniaco al inodoro.

Escribe un ciudadano del que nada sé, salvo la cita publicada que repito:

“Recortes en Ciencia: 600 millones. Recortes en Religión: cero euros. Cuando tengas un cáncer, a rezar. No faltará un cura que acuda a darte la extremaunción”.

Una estrategia coherente en tiempos de crisis: invertir en el más allá. Pura lógica.

 

A Alonso Villalba Martín, que escribe al director de El País desde León, tampoco le conozco. Dice:

¿Algo que objetar?

Una Respuesta

  1. Barruntos

    En Notas Dominicales (con vómito atrasado) el señor Entizne desmerece a un medio como Lagar que debiera ser más reflexivo y profundo y no hacerse eco sin más de cartas al director a El País que se pueden justificar, si acaso, por la incontenible inmediatez y urgencia del periodismo actual, aunque éste no es el caso. Para opinar sin ton ni son ya está Sálvame, que al menos trata asuntos irrelevantes.

    Lo que reproduce el señor Entizne es una carta al director en la que un tal Alonso Villalba protesta porque las pérdidas de juego deducen en la renta de 2013. Se escandaliza que por este hecho y que no desgraven los gastos sanitarios o cursos de formación. Termina, con un torpe sentido del humor, proponiendo que regalen años de cotización a los ludópatas o que se jubilen con ocho años cotizados, como premio a la economía especulativa. Para que se entere, señor Villalba, lo que ha hecho el gobierno Rajoy es aumentar los impuestos al juego y de una forma sensible. Con Zapatero, sin alguien ganaba un millón de euros a la primitiva, se llevaba el millón. Con Rajoy Hacienda se queda con un poco menos de la mitad.

    Así está el país, y El País. Con gente que no lee, no estudia, no se forma, no aprende. Diciendo sandeces desde que se levantan hasta que se acuestan. El compendio de tonterías y falsedades que ejecuta el indignado ciudadano puede entenderse solo ante la desinformación y manipulación de los medios (también) no afines, la escasa preparación y contraste de la información. Pareciera que nos va bien en el sobresalto diario, y como tenemos poco, nos inventamos alguno más.

    Vayamos por partes, como dijo Jack el destripador. Para empezar no desaprovecha la ocasión para hacer el chiste de que el presidente Rajoy se aparece en plasma y no en cuerpo y alma. Nada que objetar. Después nombra a Adelson como presidente del gobierno en la sombra y artífice de la deducción de las pérdidas de juego. Pobre conclusión saca nuestro amigo del caso Eurovegas. El pelotazo Eurovegas tiene su origen en la Comunidad de Madrid y es otra burbuja que tanto gusta a los políticos, muy en consonancia con las tesis de César Molinas, al que se le olvidó citar la burbuja especulativa de más rabiosa actualidad. Al señor Adelson, por decirlo de alguna manera, le han ido a buscar políticos españoles para convencerle de su patrocinio (no digo inversión a propósito, porque al final, como es sabido, depende de financiación de bancos españoles). No hay que quedarse con la anécdota, hay que mirar dentro, y no fuera. De hecho, la Generalitat de Cataluña sigue con su otra burbuja (Barcelona World) y Adelson no va a ir allí. No obstante, esto es lo de menos.

    Se equivoca, o miente, el apasionado escribiente al director al afirmar que las pérdidas de juego son deducibles. Lo que dice la ley es que se paga sobre la diferencia entre ganancias y pérdidas que es muy distinto. Pongamos un ejemplo. Un señor va al bingo cinco días cada mes, y canta un bingo mensual de 400 euros. Sin embargo, cada día que va apuesta 100, que por cinco días suponen 500 al mes. En definitiva, pierde 100 al mes. Si tiene que tributar sobre los premios, 400 al mes, 4.800 al año, le saldrá a pagar y si está en un 20% de tipo de IRPF, por ejemplo, añadirá 960 euros más a Hacienda. ¿Por qué, si en realidad ha perdido 1.200? Es decir, no se deducen las pérdidas de juego directamente de la declaración, sino de los premios que tributan (a partir de 2.500€). No se deducen los gastos de juego, sino que se tributa por la diferencia, como es de sentido común. Igual que en cualquier operación mercantil, se tributa por la diferencia entre ingresos y gastos. Si en la actividad se pierde, sencillamente no se paga, pero no lo deduce del total de la renta. ¿O alguien declara en el IRPF solo por lo ingresos sin tener en cuenta los gastos o costes legales?

    Cuando el juego es de tipo recurrente, es decir, se juegan muchas partidas y el premio es una pequeña proporción de la apuesta, hay que tener en cuenta el importe apostado. No es así, por ejemplo en la loterías del estado. Sobre todo la Primitiva. Si apuesta un euro y ganas diez millones ¿A quién le importa lo que costó la apuesta?. Pero si vas al casino y pagas como si fuese beneficio neto una buena noche, que viene a compensar diez noches malas ¿Dónde está la proporcionalidad del tributo, que resulta un mandamiento constitucional? Estaríamos ante una confiscación de bienes, y eso no es ni de derecho ni justo.

    ¿Cómo se van a justificar las pérdidas? En el mundo online es más sencillo, pues están acreditadas a un denei y una tarjeta de crédito. En el presencial es más complejo, puesto que el premio se puede fiscalizar a partir de una cantidad pero la apuesta es anónima. En fin, esto va a depender de la futura reglamentación porque esto está muy verde todavía.

    Sigue el lector de El País con su desafortunada tesis y llama ludópatas a los clientes, usuarios o aficionados al juego. Si llamamos enfermos a los bingueros, nada impide tildar de subnormales a los que leen El País, alcohólicos a los beben vino o asesinos a los que conducen. Qué país de moralistas victorianos, de amargados cristianos, de envidiosos y pedantes.

    Por último, culpa a los clientes de los casinos de favorecer la economía especulativa. O sea, los clientes de un servicio, son lo que favorecen un tipo de economía. Hay que renovar a Rubalcaba otros veinte años y hacer desparecer a las abuelitas del bingo: son muy peligrosas, y nos llevan a otro burbuja. Pobre imbécil, le podría llamar yo, visto lo que gustan los insultos en internet. Sepa usted, que un casino tributa una media del 45% por los ingresos medios de juego. El bingo, en Galicia, el 57%. Dígame, señor listo, qué otra actividad libre y legal, paga esta barbaridad. En consecuencia, lo que los “ludópatas”, que ustedes desprecian, pierden, más de la mitad, se lo lleva el erario. Y además pagan IVA. Y hacen su declaración, y pagan lo mismo que cualquier otro ciudadano. Pero como son ludópatas, tienen que pagar más que usted. ¿Le basta o quiere más?

    Así que, cuando vean a un señor salir de un casino o una buena señora entrar a un bingo, hagan un reverencia, porque además de ser ciudadanos igual de responsables contribuyen, en proporción, mucho más que la mayoría. Cuando vaya al médico, piense en eso, o cuando circule por una autovía. Solo en Galicia, y solo los jugadores de bingo, ingresan más de diez millones de euros en tasas de juego, y solo porque está mal visto, por una sociedad rácana e hipócrita, algunas personas tienen que pagar más impuestos por gastar su dinero en lo que le apetece.

    Qué país.

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