Me llama la atención La pesadilla argelina de Asunción, que hoy cuenta El País, que con anterioridad narraran otros medios (tal vez con una perspectiva más emocional) y que puede seguirse a diario en su blog.

Una mujer española, afincada en Londres, solicita el divorcio y consigue la custodia de sus tres hijos tras haber denunciado malos tratos del marido a ella y a la hija mayor. Pese a la prohibición de sacarlos del Reino Unido, el padre, argelino, consigue llevárselos a su país. La mujer se traslada a Argelia y busca trabajo para sobrevivir y poder ver a los pequeños. Un tribunal argelino establece el régimen de visitas. Cada fin de semana la  madre recorre mil kilómetros para abrazar sus hijos, como establece la resolución, pero solo muy raramente lo consigue. El padre arguye que podría llevárselos fuera del pais. Los hijos desean estar con su madre.

Es un caso de película, sí, a la que cada uno podrá poner el final que desee o el que considere probable. Difícilmente será bueno. Cabe evaluarlo de la manera más simple o de la más compleja, desde el punto de vista de cada uno de los afectados (madre, padre y, sobre todo, niños) o a través de las diferentes posiciones culturales, religiosas, legislativas o políticas.

Siempre quedará el trasfondo de lo elemental: ¿por qué esta barbaridad? ¿Por qué no hay respuestas justas?

La emoción no sobra, pero hay que conseguir que no estorbe a la reflexión sobre un problema que, por múltiples razones, crece; o puede crecer.

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