Desahucios.

Observando el transformismo de algunos personajes públicos en los últimos días, diríase que a algunos les ha dado un repente, una especie de arrebato místico, de bonhomía o de altruismo inusitado.

Escucha uno a algún banquero y se echaría en sus brazos.

Habla Guindos y dan ganas de echarse a llorar, como si se hubiera caído de su propio arbolito.

Mitinea Rajoy y parece la abuelita de Blancanieves.

Discursea Rubalcaba o cualquiera de los que antes se arrodillaban ante los oscuros hombres de la banca y se siente una emoción de infanta en el palco de los juegos olímpicos.

¿Tendrán ya preparada la factura que nos cobrarán por esta predisposición al baboseo?

Podemos hacernos los gilipollas, pero no perder el sentido y la memoria.

¡Mucho ojo! Tratarán de quitárnosla.

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