El fin de semana resultó aciago. Por una parte, el asedio al PSOE que terminó en una especie de auto sacramental, una aparente autoinmolación, en nombre del interés de España. Por otra, el estruendo de un nuevo absurdo imprevisible: el voto mayoritario a favor de la guerra en Colombia. La sinrazón como razón de ser, como objetivo.

Nadie nos sacará de la melancolía, pero algunos ayudan a reorientarnos. Héctor Abad Fanciolini animaba a las palabras alegres del sí contra las muertas del no en un rap escaso de melodía, preludio tal vez de la tormenta. 1350390279_958646_1350391722_album_normalEl ingenio verbal como instrumento de propaganda fracasó en las urnas y, entonces, el raciocinio del escritor colombiano no pudo explicar el fracaso, aunque sí conjurar sus fantasmas.

Luis García Montero no salió a combatir contra los animales del zoológico político patrio, sabedor de que son otros quienes los instrumentalizan por El interés de España.

Por mucho que se empeñen los medios en disimularlo ellos son, sin excepción, una parte muy importante del problema. En este campo de juego, ni jogo bonito ni siquiera juego limpio.

Sin embargo, las palabras procuran a veces alivio. Y en algún caso, reaniman. Cuando ayudan a resituar a los problemas en sus términos y en su sitio.

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