“El Gobierno se está parapetando en la ciencia, en vez de tener un liderazgo político”. Pablo Casado, a la sazón líder de la oposición, ha reprochado así la actuación del Gobierno en lo relativo a la crisis del coronavirus. A quienes han aplaudido la recriminación de Casado a Pedro Sánchez y a quienes se quedaron perplejos por el comentario cabe recomendarles un libro de lectura urgente: Filosofía ciudadana, de Miguel Ángel Quintanilla, publicado en estos días por Editorial Trotta.

En una de sus breves reflexiones el autor afirma: “Los ciudadanos del futuro tendrán que afrontar cuestiones de interés público que requerirán un elevado nivel de información científica”. Y añade: “Ahora tenemos la oportunidad de prepararlos para ello. Cuando nos gobiernen, nos alegraremos de haberlo hecho así y ellos nos lo agradecerán”.

Algún lector puede deducir que el dirigente del PP llega tarde al nivel de información científica que Quintanilla reclama para los gobernantes del futuro.

La anécdota sirve para remarcar el interés general del texto e incluso su actualidad. En otro apartado, por ejemplo, se recuerda un precedente del ahora omnipresente coronavirus: la epidemia de la gripe A. Y a la vista de las diferentes actitudes que se pusieron de manifiesto en aquella ocasión, se recomiendan criterios de comunicación absolutamente necesarios: “Transparencia en lugar de ocultación, explicación de la complejidad en lugar de simplificación, información objetiva y ponderada en lugar de exageración, y recomendaciones prácticas, claras y contundentes en vez de alarmismo histérico e irresponsable”.

Filosofía ciudadana no es, sin embargo, un libro para una determinada coyuntura o un caso concreto, sino de actualidad, para la vida y la acción de cada día. En él se abordan cuestiones fundamentales a partir, en muchas ocasiones, de hechos o realidades concretas, desde las que el autor se interroga y reflexiona para invitar al lector a una actitud crítica, a atender las explicaciones de la ciencia, a orientar el desarrollo tecnológico y, sobre todo, a deliberar en torno a cuestiones fundamentales, desde el sentido de la vida al valor de un libro impreso.

La trayectoria personal, profesional e incluso política de Miguel Ángel Quintanilla está reflejada en el conjunto de píldoras (o pensamientos) sobre las que se articula el libro, un conjunto coherente en el que se suceden e interrelacionan cuestiones de filosofía, innovación, cultura científica y política.

Filosofía ciudadana es, definitivamente, un libro entretenido y accesible, que  estimula un pensamiento crítico con buenas dosis de optimismo, basado en el reconocimiento generoso de la tarea de muchos profesionales y en las expectativas que deposita en sectores jóvenes.

Por encima de todo, aunque tal vez a Pablo Casado le llegue tarde, Filosofía ciudadana invita a pensar. Con rigor y fundamentos. En estos tiempos, por lo visto y oído, se agradece.

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