Paradojas, sí.

El presidente en funciones acude al hospital de Barcelona donde se encuentran algunos miembros de las fuerzas de seguridad heridos en los disturbios producidos tras la sentencia del Procés. La dirección del centro se niega a recibirle y facultativos y otras personas le abuchean. El presidente opta por entrar a través de un acceso distinto al principal. Representantes políticos de distinta ralea le acusan de haber entrado por la puerta trasera. Una auténtica vejación por lo que su cargo representa, dicen; una vergüenza para España.

El viaje del presidente en funciones a Cataluña tenía como objetivo reconocer el trabajo de las fuerzas de seguridad ante las manifestaciones violentas promovidas por individuos de distinta procedencia. La mayoría de los dirigentes  independentistas acusaban a Sánchez de haber visitado solo a las personas de las fuerzas de seguridad heridas y no a las heridas por las fuerzas de seguridad; en definitiva, una visita exclusiva a los suyos, aducen. Pero, ¿cómo reconocer simultáneamente a quienes agredían y a quienes reprimían las agresiones (con algunos excesos comprobados)?

El president Torra había dado un ejemplo muy distinto: visitó a los manifestantes heridos que agredieron a las fuerzas de seguridad, pero no a los policías heridos cuando trataban de reprimir la violencia desatada. Pudo hacerlo, porque todos las víctimas eran suyas; unas, porque él mismo las había animado al enfrentamiento con los mossos, y otras, porque estaban bajo su mando y sufrieron la agresión de los estimulados por el responsable final del quilombo o cambalache; es decir, de lo uno y lo contrario. A él le corresponden las víctimas y los victimarios. En eso debe consistir la representación que le corresponde, la de todos los catalanes.

Con la sentencia calentita y en la mano, los dirigentes independentistas en libertad emprenden acciones en idéntica dirección a la que condujo a la cárcel a sus predecesores. ¿No se les ha ocurrido tratar de cambiar la ley en lugar de desafiarla a sabiendas de lo que pasa? Más que nada para evitar esta monotonía de declaraciones tan contundentes como ineficaces, tan solemnes como contradictorias con lo que proclaman: la paz, la convivencia o el autogobierno. Para combatir el desatino nada mejor que repetirlo. Eso parece.

La Federación de Sindicatos de Periodistas asegura que cerca de 70 periodistas han sido agredidos en las diferentes protestas contra la sentencia del Procés en Cataluña y Madrid. Tal vez conviniera decidir, desde el punto de vista puramente periodístico, si las agresiones se debieron al ejercicio de la profesión o al lugar en el que se encontraban los damnificados. Las imágenes de las manifestaciones han planteado muchas dudas al respecto. El espectáculo informativo no siempre es periodismo o, al menos, el mejor periodismo en esas circunstancias. Hay otras muchas opciones más exactas y útiles para entender el contexto y los porqué.

El president Torra ordena una doble investigación sobre el comportamiento de sus Mossos: una, desde el Parlament; otra, interna, dentro del cuerpo policial. Una iniciativa en sí misma tan loable como sorprendente. Si ha habido desmanes, investíguense. Nada que objetar. Frente a la costumbre de exonerar a los cuerpos policiales de sus actuaciones por parte de sus responsables políticos, esta parece una decisión respetable. Los policías tienen normas que cumplir, reglas que respetar e incluso sanciones en caso de incumplimiento de sus propia leyes. Con esos mismos argumentos Torra debería abrir otra comisión de investigación… sobre sí mismo. En caso contrario, puede que la investigación solo busque la depuración. Y visto lo visto, ¿no resultaría prioritario que se depurara él solito?

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