Días atrás, un avión fletado por el ministerio de Exteriores se desplazó a San Martín para rescatar a los españoles afectados por el huracán Irma. “Fue como estar dentro de un ataúd”, explica una de las personas repatriadas, tras aterrizar en Cuatro Vientos. Otra mujer narra cómo decidió trasladarse a un hotel para estar más segura; cómo tuvo que protegerse en el baño de la habitación temiendo que todo pudiera explotar; cómo el estallido de una pared, quizás de pladur, liberó una salida al vendaval y alivió la presión; y cómo, recuperada del susto entre paredes voladizas comprobó la desolación de toda la isla. Luego, agradece las ayudas, recuerda a los amigos y a cuantos se preocuparon por su estado y termina explicando con humor la alegría con la que algunos compañeros de viaje, catalanes, lucían su pasaporte español. El que les había posibilitado la repatriación. Hubo carcajadas a cuenta de un asunto que ha congelado muchas risas. Otro huracán de desatinos.

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