Comienza la nueva legislatura de la peor manera posible. Toman posesión los diputados y se arma la marimorena. Cada cual con sus propios fantasmas. Ya se sabe que con la derecha en la oposición no cabe tiempo para la sensatez. Acusaciones por doquier, el apocalipsis a la vuelta de la esquina, el denuesto vociferante contra cualquier actitud de mesura y el estruendo final si surge el término diálogo. Solo cabe una estrategia: hacer irrespirable la convivencia. Fue así, ha sido así y así parece que seguirá siendo. Y el país entre el hastío y las barricadas.

El estruendo de una parte abona la confusión en la otra. La mayoría de la mesa del Congreso reclama al Supremo que aclare la situación de los diputados en prisión preventiva. El Supremo da la solución de lo que, según él, debe decidir el Congreso en función de lo establecido en el reglamento de la Cámara. Los letrados del Parlamento dicen que la norma a aplicar debe ser la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Fuego cruzado, para eludir el lío, que es la mejor manera de incrementarlo, porque se abona la gresca. La política insiste judicializar su propia competencia y a justicia aspira a politizarse a sí misma.

Sin embargo, los informes del Congreso y el Supremo llegan ala misma conclusión. Los diputados en cuestión debieron cesar en el mismo momento en que tomaron posesión. La derecha responsabiliza de irresponsabilidad y connivencia con el independentismo a la izquierda previsiblemente gobernante en unas semanas, pese a que la anterior presidenta del Congreso jugara primer con una baraja y , al día siguiente, con otra; en su caso, contradecirse es lo de menos. Está en los genes de su formación.

De tal guisa, la primera votación de la legislatura se salda con el desacuerdo de los partidos llamados a acordar el nuevo gobierno. ¡Qué estimulante! La solución era la misma, pero la galería permitía juegos florales. Esto no va de triquiñuelas  ni de engaños. Convendría jugar limpio y claro y explicarle a los ciudadanos lo que en cada momento corresponsa.

Las mentiras furiosas se dan por inevitables. Los juegos de manos sobran en situaciones tan tensas. No es tiempo de brujos. Pero haylos y se regodean ejerciendo de tales. ¿Quién va a creer nada? Solo han pasado tres días desde que empezó la legislatura. Y vuelve a oler de aquella manera.

 

 

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