Encuentro en El País un reportaje, El show del candidato, para el que estaba prevenido. La periodista que lo firma me llamó por teléfono y hablamos. Cordialmente, aunque no acabé de entender las razones por las que recurría a mí.

En el reportaje me citan como periodista y analista electoral. No me reconozco, para nada, en la segunda definición: me interesan los movimientos sociales mucho más que su traslación a resultados electorales, detesto a los asesores que se consideran estrategas de la mercadotecnia política, a los supuestos politológicos, a quienes se empeñan en convertir las elecciones en puestos de baratijas o de venta ambulante. Deduzco que la condición de periodista no bastaba. El problema es si lo otro puede ser digno de crédito.

En el reportaje se reproduce una frase cierta que, por tanto, debió ser la más destacable de cuando dije o quise decir:

“’Cuando Ana Blanco entrevista a Rajoy, el espectador ya sabe lo que va a decir, pero si lo hace José Ramón de la Morena es diferente. El oyente está desprevenido’, opina el periodista y analista electoral Jesús María Santos».

En previsión de lo ocurrido, antes de la conversación ya mencionada, tomé notas sobre lo que quería decir y las guardé:

Luego, decidí escribir y publicar lo que había querido transmitir en la conversación con la periodista.

Si se comparan lo uno y lo otro, solo cabe una conclusión: “no sé qué pienso”.

Mas no hay sorpresa. Porque, ya dije, que me reconozco todavía como periodista.

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