La estrella de los informativos de televisión en Estados Unidos, Brian Williams, estuvo a punto de perder la vida en un ataque contra el helicóptero en el que sobrevolaba sobre Bagdad. La conservó, porque el ataque nunca existió: lo inventó para aumentar su prestigio, loar la “ardua y abnegada” tarea del ejército norteamericano y elevar sus millonarios emolumentos. Antes lo habían hecho otros ilustres de la información televisiva yanqui como Walter Cronkite o Tom Brokow.

El periodismo de guerra ha generado muchos ilustres combatientes que se hicieron famosos y hasta ricos fuera de las trincheras, en los reportajes de televisión. Entre ellos brotaron auténticos predicadores de la decencia y del periodismo puro que pagaban a francotiradores para que dispararan sus armas contra la pared delante de la que se dirigían a su audiencia a través de televisión. Otros, con menos, aunque no poca, caradura, hacían sonar las metralletas captadas por los cámaras o los técnicos de sonido durante la noche, mientras él se hacía grabar, agachado, huidizo, a plena luz del día . Este periodismo genera sectas que se glorifican y defienden por sí mismos, porque se hicieron un hueco entre los periodísticas de mérito; lograron reconocimiento y pudieron negociar buenos sueldos.

La realidad está llena mayoritariamente de periodistas que malcumplen con su función porque sus empresas, sus jefes e incluso sus protectores no les dejan hacerla con esmero. A esos hay que apreciarlos, sobre todo, si consiguen sobreponerse a las penurias de un oficio en horas trágicas y lo ejercen con decencia. Porque el destino les deparará un final deprimente: si un día consiguen, después de muchos años, un salario digno, serán despedidos. Les ha ocurrido a una decena de profesionales (algunos, amigos) de la progresista Cadena SER.

Sobre la mesa de la jefa de recursos humanos se amontonan curriculos de profesionales dispuestos a cobrar “la mitad de lo que ustedes paguen”.

El consejero delegado, nombrado por el presidente de la empresa que nos da lecciones de todo tipo y a diario, ha hecho cuentas y ha decidido acumular méritos. El periodismo les importa una mierda, aunque las ondas proclamen otra cosa e incluso aunque algunos programas parezcan decentes.

Williams, Conkrite o a Brokow reventaron por su ambición y su impudicia. A los periodistas normales y decentes los revientan por hacer acumulado durante veinte o veinticinco años unos pocos derechos.

Adiós, Ernesto, MaríaJosé, Eduardo, Ana, Esther… ¡Qué tiempos! Los que todavía atendemos a los medios estamos perdidos. Y no tenemos remedio.

Sabido lo anterior, se anuncia que TVE ha contratado a un buen grupo de trabajadores de Intereconomía para realizar lo que la redacción de periodistas se niega a hacer. Aquí la historia es el revés: se paga el doble con el dinero de todos por la mitad del oficio o de cerebro: los contratados están programados, tan solo, para obedecer. También se lo les dice periodistas.

Y así nos va. Entre lo uno y lo otro.

Una Respuesta

  1. Oscar

    Los oficios o profesiones están así, mal… también hay azafatas que ganan 1.500€ por vuelos transoceánicos, mientras las de Iberia ganaban 6.000, los pilotos españoles y controladores aéreos son unos FLIPADOS pensando que son muy importantes, yo he volado y aterrizado en aeropuertos en los que esas mismas personas ganan menos de un tercio que estos…

    hay un problema de sobre educación, suena feo pero es así, y la verdad también me parece muy desproporcionado lo que le pagan a algunos «periodistas» por un programa, a alguien se lo tienen que quitar… además con todo respeto, el periodismo tal y como se entiende no existe, dependiendo del jefe escribes o dices una cosa u otra, se acabaron los principios, y lamentablemente es en todos los lados así. publico.es, no he leído aún la noticia de maduro reconociendo un 67% de inflación… muy objetivos… 🙂 sintiéndolo mucho, su periodismo ha muerto hace tiempo…

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