Hay que acabar con las puertas giratorias de los políticos-empresarios, claman los periodistas.

No dicen, sin embargo, nada de las puertas giratorias y de las abatibles de los políticos-periodistas, empresarios-periodistas, confidentes-periodistas… No, los periodistas no hablan de sus incompatibilidades: dirigir operaciones de propaganda y marketing, ejercer de tertulianos desaforados con vitola de informadores de investigación, actuar al servicio de intereses económicos, políticos o de cualquier otro tipo; dedicarse a asaltar la intimidad de personas públicas o impúdicas… Nadie ha planteado la expulsión de todos estos de las asociaciones, colegios o academias profesionales. Al contrario son estos los que marcan los criterios que luego siguen los periodistas que solo son eso, tal vez porque no pueden ser otra cosa.

Para caer de las ramas. ¿Se puede ser director de comunicación del primer o segundo banco español y, a renglón seguido, informador económico con libertad para emitir opiniones bajo el disfraz del reportaje, la crónica o lo que sea? ¿Se puede ser director de comunicación de la Casa Real y, a renglón seguido, realizar información política relacionada con la Corona? Se puede, no cabe duda. Lo uno y lo otro y ambas cosas a la vez. Ahí está, entre otros muchos, Javier Ayuso. Este, al menos, tiene criterio. ¿Se le habría permitido su personal metamorfosis de ida y vuelta, si los criterios hubieran sido otros?

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