Estos son mis principios. Y si no sirven, tengo otros.

La política no puede ser una cuestión de mercadotecnia.

Y en fraude a los ciudadanos que depositaron su confianza en unas personas y en sus propuestas.

El cambio en el ámbito de lo público, siempre posible, requiere previamente la asunción de responsabilidades.

Lo de los hermanos Marx era un sarcasmo, una burla. Lo de Casado, una desvergüenza. Pero esto no sorprende.

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