Las elecciones de Perú apartaron en la primera vuelta a los candidatos de los partidos tradicionales y los volvieron a apartar en la segunda.

Sin embargo, el estrépito del fracaso de los liberales asociados a las políticas al uso no lo explica la doble derrota, sino su decisión de asociarse en la repesca con la aspirante que representaba al autoritarismo y la corrupción, la esterilización de 300.000 mujeres, la extorsión del Estado y el puro y simple latrocinio. Su ideología quedó al desnudo: la lógica de la economía imperante, revestida de reglas menos complejas que inescrutables para defender los intereses del mercado.

Perú entra ha iniciado una etapa de incertidumbre, con un presidente contradictorio, porque en él confían menos peruanos de los que desconfían, porque en su apoyo acudió buen número de personas aterrorizadas por la alternativa.

Arrastra una historia variable y a veces confusa: izquierdista cuartelario, nacionalpopulista afín al chavismo, progresista pragmático al estilo de Lula, y lo que haya de venir. A partir de ahora poco importa. Sólo interesa qué será, qué le consentirán, qué conseguirá: ¿acaso una mejor redistribución de la riqueza y la prosperidad peruana de los últimos años o tal vez el acoso y el fracaso de una elección a contrapelo?

La bolsa, los mercados, se precipitaron al conocer la victoria de Ollanta Humala. La selva y la sierra esperan que la prosperidad de la costa penetre en la espesura y ascienda a los poblados que miran el cielo desde arriba.

Me preparo para visitar Perú en los próximos días. Aunque me ocupen otros asuntos, me apasiona llegar en estas circunstancias. Necesito que me cuenten. Tengo razones personales para interesarme por esta situación, ocasión u oportunidad. Quizás todos tengamos razones para permanecer atentos.

De lo leído en  los últimos, recojo éstos artículos: uno, dos y tres.

Y añado un cuarto después de leer a Ignacio (un poco más abajo).

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