¿El fracaso de las ideologías es una consecuencia inevitable de la complejidad de la sociedad actual? ¿O es esa supuesta complejidad el argumento para acallar el poder de las ideologías?

¿Ayudan las ideologías, pese a todo, a la hora de reflexionar sobre la realidad de la sociedad en que vivimos? ¿Sirven de algo para transformar la realidad? ¿Tienen algún interés fuera del ámbito de las utopías sobre las que crecieron?

¿La izquierda aún encuentra en la ideología un instrumento eficaz para el diagnóstico de la realidad? ¿Y para la terapia de transformación a la que esa izquierda aspiraba?

¿Es la pérdida de vigor de las ideologías lo que deja inerme a la sociedad frente a las amenazas que la acechan? ¿O es la magnitud del peligro y de los poderes que lo provocan los que han invalidado la capacidad transformadora que tuvieron aquellas ideologías?

El diagnóstico de la realidad resulta tan complejo que cualquier sistema transformador que se plantee debe ser un antídoto contra el fallo multiorgánico que se antoja inevitable.

 

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