Estos presupuestos son el mejor antídoto contra el populismo de Vox”, asegura la titular de Hacienda, María Jesús Montero. Sin embargo, los presupuestos en sí mismos tal vez ayuden poco. Sobre todo, si, como añade la ministra, “mi objetivo ahora es que se entiendan los beneficios del Presupuesto”. Porque esta frase esconde una tentación, la de convertir a los presupuestos en propaganda. Y eso solo conduce a ahondar el populismo.

La ministra se ha hecho acreedora a cierto respeto y, por ello, conviene analizar sus declaraciones con prudencia. Y aceptar que las explicaciones honestas acerca de la política económica sí podrían ayudar a entrar en razones. Que conocer las prioridades por las que se establecen los gastos, las inversiones o los ingresos e invitar a los ciudadanos a realizar ese ejercicio de sumas y restas, sin trampas, con buenas dosis de complejidad, tal vez podría servir a aquel propósito inicial, a todas luces necesario, con o sin Vox..

Las matizaciones posteriores resultan más discutibles. Para la ministra lo importante es, “sobre todo, que lo entienda la clase media”. ¿Por qué? Si se debe a que ese sector es el principal beneficiario de los presupuestos, cabría preguntar si no deberían serlo los más vulnerables, demasiada gente en este tiempo y en este país.

Si se trata tan solo de que lo entienda, la afirmación ese podría justificar en la medida en que ese indeterminado sector integra el colectivo más numeroso o el más influyente o el que ofrece mayor riesgo de desnaturalización. La ministra lo explica cuando añade que “es fundamental para el progreso de un país la consolidación de la clase media. (…) En la medida en que la clase media sea fuerte, los colectivos más vulnerables estará protegidos. Es lo más importante para la cohesión social y territorial”.

Puede que así sea, pero entonces ¿por qué no se le explica a ese sector, sino que se le esconde, la necesidad de subir los impuestos hasta el nivel de la media europea, por ejemplo?

Esa clase media debe asumir su propia situación. Tiene todo el derecho a exigir que los más poderosos contribuyan en mucha mayor medida a los fondos comunes, pero sin escurrirse de sus propios compromisos. Sin una aportación creciente de la clase media no hay solución en esta sociedad, incapaz de obligar a las grandes corporaciones, a los más adinerados, a los principales beneficiarios del esfuerzo colectivo a aportar al común cantidades acordes con sus beneficios. Este debe ser el objetivo y esa debe ser la principal exigencia al Gobierno y del Gobierno, pero entendiendo también que el poder de esta sociedad no lo detentan en exclusiva los representantes populares y que, por ello, la solidaridad de los sectores intermedios hoy por hoy resulta imprescindible. Hasta que llegue el día en que las cosas puedan ser de otra manera.

Estos presupuestos, en minúscula, sí combaten el populismo.

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