“No se está acabando el progresismo, ni los valores que han abanderado los socialistas y los socialdemócratas desde hacer más de un siglo, pero el ciclo histórico está llegando a su fin. La socialdemocracia se está muriendo”.

¿por qué? “Porque no supo reaccionar ante la globalización económica y la crisis del Estado del bienestar. Porque no supo afrontar el desafío que supuso lo que pasó después de la caída del bloque soviético y después del 11-S. Por no haber sabido reaccionar ante esos desafíos, hemos dejado un terreno al populismo, de extrema derecha y de izquierdas”.

“La cuestión es cómo afianzar en este mundo ideas de progreso que pretendan ampliar los derechos de la gente”.

Estas reflexiones de Manuel Valls, exprimer ministro francés, exdirigente del Partido Socialista y ahora diputado en las listas de EM (En Marche / Emmanuel Macron) (véase El País) se pueden completar con otras de Marina Garcés, profesora de la Universidad de Zaragoza y autora de Nueva ilustración radical(Anagrama, 2017): 

“Nuestro principal problema es, entonces, redefinir los sentidos de la emancipación y su relación con los saberes de nuestro tiempo. ¿Qué saberes y qué prácticas culturales necesitamos elaborar, desarrollar y compartir para trabajar por una sociedad mejor en el conjunto del planeta? Parece una pregunta ingenua, pero cuando las humanidades pierden el vínculo con esta cuestión se convierten en meros conocimientos de textos sobre textos y mueren. Redefinir los sentidos de la emancipación: en eso tienen que consistir las actividades humanísticas si quieren ser algo más que un conjunto de disciplinas en desuso”.

No, la transformación no será nunca cosa de politólogos. Ni de cotorras.

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