El discurso navideño del Rey fue el menos visto en los últimos quince años. Los españoles, da la impresión, padecemos un manifiesto decaimiento del ánimo y de la confianza. Quizás por ello el monarca insistió reiteradamente en pro de la autoestima o, si se quiere, de la confianza. Obsérvese las veces en que repitió la susodicha palabrita.

Mas no se sabe si por alguna razón freudiana o por un énfasis excesivo el rey acabó convirtiendo el estímulo en un pronóstico o una advertencia: convirtió confianza en con… fianza.

También pudo ser un acto de sinceridad o de sortear el control gubernamental que se impone a sus discursos o de no querer repetir ridículos anteriores. Fuera por lo que fuera, en este país la confianza del sueño es una realidad con fianza.

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