“La identidad es una construcción cultural que se niega a sí misma como construcción, es decir, que afirma la existencia de algo esencial”. Lo afirma Valeriano Bozal, un catedrático al que acudíamos hace ya mucho tiempo cada vez que queríamos explicar el valor social de la expresión artística. Y lo dice en referencia a España, al arte español o al español en el arte, para que no haya equívocos: “La España negra lo es por la miseria. Lo supuestamente español es una construcción cultural que sustantiva aspectos que política y económicamente pueden cambiarse”.

¿Lo extrapolamos a alguno de los debates esencialistas en que con tanta frecuencia nos sumergimos?

La que nos espera

A este respecto, las aguas llegan al nuevo año muy revueltas. Para conjurar el conflicto que han alimentado unos y otros, incluidos los sabios que se apostaron a ver pasar la procesión, ya no admite aguas benditas a favor de la concordia como las que hoy hisopean en El País Victoria Camps y José Luis García Delgado. ¿A estas alturas pueden servir para algo las buenas intenciones?

Félix de Azúa en El País Semanal responde de manera menos meliflua. ¿Hay una luz?, le pregunta Juan Cruz, y el escritor replica:

– Sí, hay una, aunque España no es un ejemplo. Inglaterra es un país donde al final se acaba negociando; pero en España, no, al final se rompe la negociación y van a puñetazos. Pero la esperanza es que, en treinta años de democracia (y no es que la democracia española sea excesivamente democrática), algo hayamos aprendido, y a lo mejor no acabamos a tiros, aunque la dirección que llevamos es para acabar a tiros.”

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