Un programa de radio graciosillo ha resultado más revelador que tres debates consecutivos en televisión.

El programa El matí y la madre que ens va pàrir, de la radio musical catalana Faixback, intentó que Mariano Rajoy hablara con el president de la Generalitat y no lo consiguió. A continuación intentó que Carles Puigdemont lo hiciera con el presidente del gobierno de España, y ¡vaya si lo logró!

En la primera intentona Rajoy era de pega (un imitador) y la secretaría de la presidencia del Govern de la Generalitat (de verdad) evitó la comunicación. En la segunda, Puigdemont era de pega (un imitador) y la secretaría de la presidencia del Gobierno tramitó la llamada hasta el punto de que Rajoy conversó con el impostor.

Si la broma era una broma o una tomadura de pelo, se puede debatir. Rajoy la calificó de “poco seria”, y tenía razón. Sin embargo, ilustró sobre lo que está pasando, ¡vaya si ilustró!

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Me pasaron el audio por guasap y, al rato, la conversación ya estaba en todos los medios. Los tertulianos debieron emplearse a fondo. Y yo, como ellos.

 

 

 

Porque la broma ilustra un rato:

Hemos sabido, por ejemplo, que la transparencia de la secretaría de la presidencia es ejemplar. A estas altura no se sabe si hubiera sido necesario el imitador para que el presidente del Gobierno accediera a la llamada. Quizás sea que en estos días el presidente se aburre.

Hemos sabido, además, que no todo es transparencia. La secretaria del presidente confesó: “ahora lo tengo ocupado”. Luego añadió que “con una reunión, aunque será breve”. La frase principal de la secretaria (“ahora lo tengo ocupado”) revela tanto el carácter activo de la susodicha como el más sumiso del presidente. Sin buscar restar ni añadir pies al gato. La frase subordinada pone de manifiesto el control de la secretaria sobre lo que puede ser importantes y lo que se quedará en breve.

No han hablado, pero se habían saludado: «Nos conocimos en el Ave», «cuando era alcalde de Girona», se dijeron para relajar la conversación. «Sí, sí».

Una vez el presidente en la escena queda claro que ni él ni el imitador que le provoca andan muy sobrados de chispa. Sólo les faltó preguntar ¿y qué tiempo hace por ahí? para entrar en materia.

Al final se desvela que el presidente está en babia (“tengo la agenda muy libre”), que, debe ser, ni le llaman ni llama, ni le reclaman ni se ofrece, ni ni. Justo al contrario que el rey, del que todos los medios dicen estos días que tiene la agenda muy ocupada: ¡tres entrevistas diarias de 40 minutos cada una!, aunque podría resolverlas, por lo que se desprende de sus interlocutores, en un apretón de manos.

Y sin embargo, ahora se sabe que Mariano Rajoy coge el teléfono. Sin rubor, sin portazos, aguantando el cachondeo con resignación. Puigdemont no descolgó porque en su secretaría están ojo avizor.

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