Y vaya si se armó.

No paraban las tertulias de echar humo tras el órdago de Pablo Iglesias, y en eso llegó Mariano y mandó parar: acababa de decirle al rey “gracias y adiós”. Cuando tuvo que explicarse hasta los medios, matizó: reconoció el gracias y convirtió el adiós en un posible “hasta luego”.

Rajoy-propuesta-Rey-someterse-investidura_EDIIMA20160122_0757_4El todavía presidente del Gobierno, aunque en funciones, se ha tragado lo que había dicho solo 24 horas antes: “Presentaré mi candidatura, porque me veo con fuerzas”. ¿Le flaquearon de repente, tras la comparecencia de Iglesias y su propia comparecencia ante el ciudadano Felipe de Borbón, como dice el también ciudadano Alberto Garzón?

Rajoy ha evitado la derrota inevitable con la estratagema de que volverá cuando los demás se hayan estrellado. Lo dicen los tertulianos, pero parece más bien que ha reconocido su desfallecimiento o su propio batacazo. Porque puede ocurrir que los rivales no se estrellen o que, aun en el caso de que fracasaran, él haya quedado incapacitado en el renuncio, porque no cabe confiar en un dirigente que sólo espera que sus rivales le allanen el camino; por ejemplo, que la vieja guardia del PSOE le corte a Pedro Sánchez sus propias ambiciones.

14534930189205¿Qué ha pasado? Él lo sabrá, pero se calla.

Sin embargo, ha pasado que…

Debe acudir ante el rey con las manos vacías, inmediatamente después de reconocer en público que tiene una agenda muy libre; es decir, que lleva semanas sin mover un dedo.

Habló Pablo Iglesias y puso a Pedro Sánchez en el quicio y a Mariano Rajoy, en fuera de juego.

La táctica de Podemos atrapa al PSOE entre sus expectativas y la responsabilidad de sus dirigentes y Rajoy aprovecha la casualidad para tender otra celada: esperar a que sus rivales paseen ante su puerta el cadáver de su enemigo. Una vez más confía en que otros le resuelvan su propio fracaso. Lo de siempre.

¿Movimientos tácticos?

Spain_Politics-0165e_20160122210746-k3tE-U301601535840kG-992x558@LaVanguardia-WebPodemos y el PSOE arriesgan demasiado para convertir sus movimientos en un juego.

Rajoy ha encontrado en su ambigüedad su única esperanza. Sin embargo, como dirigente se ha desnudado; sólo cabe una duda si su impotencia es mayor que su incapacidad o viceversa.

Al todavía presidente, aunque en funciones, le empujaban otras circunstancias: en el seno de su partido también han surgido voces discrepantes,  femeninas y madrileñas, y en el seno de su gobierno, al lado mismo de su impoluta vicepresidenta, su menina, ha aparecido el último caso de corrupción, que implica al propio ejecutivo en beneficio de los intereses de una empresa que cometió ilegalidades y que se ha beneficiado de la crisis a espuertas.

¿Entonces?

Lo fundamental:

¿Con qué programa acudirá a la investidura el candidato a presidente dispuesto a asumir ese riesgo?

¿Cómo afectará a los ciudadanos?

¡Eso!

 

 

 

 

 

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