El emérito Casado escogió, sin duda, la Universidad adecuada, la Rey Juan Carlos, cuyo titular, el emérito más genuino, también le ha añadido prestigio académico.

Tuvo un rector que elevó el nepotismo por encima del decoro, otro que sublimó el plagio al nivel de la investigación, otro (o tal vez el mismo) que favoreció el negocio de los amigos sobre el mérito, otro más que busca refugio entre hangares y triquiñuelas varias. De todos, a lo que parece, Pablo Casado aprendió. Con todos ellos colaboró. Pero no se resignó a ser uno más en una Universidad predestinada al lío.

Casado ha demostrado que puede promover su propio máster: sobre el desparpajo.

Hay que ver el lío en el que se ha metido. Pues como si tal cosa…

– ¡Y dos huevos duros!

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