DESMEMORIA SELECTIVA

489857.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxDesde su debut con la brillante Sorgo rojo (Hong gao liang, 1987), el cineasta chino Zhang Yimou ha permanecido atento a la realidad de su país, bien a través de historias intimistas o bien mediante una cierta épica no siempre lograda ni bien recibida. Ahora vuelve a la gran pantalla, tras una pausa de tres años en una filmografía que alcanza los veinte largometrajes de ficción, con un relato de carácter familiar pero enmarcado en un contexto político tan potente como el de la llamada Revolución Cultural de los años sesenta y sus terribles consecuencias para amplios estratos de la población.

El profesor Yanshi Lu fue declarado traidor y enviado al campo para someterse a un proceso de reeducación en los principios y la disciplina maoístas, en régimen de durísima prisión, igual que tantos de sus compatriotas. Al cabo de unos años consiguió fugarse para volver junto a su esposa Wanyu Fen, también profesora, y su hija Dan Dan, adolescente empeñada en convertirse en primera bailarina de ballet y ciegamente fiel a los dictados del partido comunista, hasta el punto de cometer acciones reprobables pero sin resultado, porque la condición del padre, al que odia con todas sus fuerzas, la relega a un papel muy secundario en la compañía que representa uno de aquellos temibles espectáculos sobre el glorioso Ejército Rojo Femenino y otros disparates que inundaron también el cine chino de la época.

206734.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEl ansiado reencuentro se frustra en el último momento, Wanyu Fen es herida por los guardias que le impiden acercarse a su marido, y todo vuelve a ser como antes. Hasta que, veinte años más tarde, Yanshi Lu es rehabilitado por fin, regresa a casa… y ahora su esposa no es capaz de reconocerlo, por algún trauma oculto que se nos desvelará más adelante.

A partir de ahí, la película se centra en los esfuerzos de padre e hija –ya reconciliada con él, y rechazada ahora por la madre– por vencer la amnesia selectiva que afecta a la mujer, lúcida para unas cosas pero perdida en una bruma psicológica en todo lo que se refiere a su marido, a quien sigue confundiendo con otras personas con las que ha tenido alguna relación en esos años de separación forzosa. Y el argumento, que había empezado de manera atropellada y con pequeñas trampas narrativas y vanos intentos de suspense, se remansa ahora en secuencias fascinantes, como aquellas en las 201733.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxque Yanshi Lu lee a su esposa, fingiendo ser un vecino generoso, la infinidad de cartas que él mismo le había escrito desde el destierro, pero que nunca pudo enviar y conserva cuidadosamente ordenadas. Unas escenas que, además de remitir a la historia de Sheherezade, porque así consigue mantener y prolongar el contacto con ella, guardan un curioso paralelismo, involuntario sin duda, con otras de la reciente e infravalorada La correspondencia (La corrispondenza, 2016), del italiano Giuseppe Tornatore.

Resulta especialmente difícil valorar desde aquí la relación que mantiene Regreso a casa –que al decir de su autor ha sufrido los rigores de la eterna e implacable censura gubernamental– con el sistema imperante en su país, y con el que Zhang Yimou ha sido acusado a veces de ser demasiado condescendiente y hasta cómplice. Y, en consecuencia, calibrar su posible validez como crítica de la situación actual, o quizá como exoneración de la misma a través del recuerdo de uno de los periodos más injustificables y crueles de su pasado. La evolución del régimen chino hacia esa extraña mezcla que es el capitalismo más desaforado en lo económico, junto con el más autoritario sistema de partido único en lo político –que, por cierto, recuerda a la 198921.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxincalificable mixtura de neoliberalismo y dictadura militar en el Chile de la época de Pinochet–, nos impide calcular con precisión la función que puede desempeñar una película aparentemente muy ácida dentro de un contexto que nos resulta extraño y posiblemente indescifrable. A lo más que podemos llegar, además de a subrayar los méritos estéticos del filme, y en especial la magnífica interpretación de la actriz Gong Li, musa y en tiempos compañera sentimental del director, espléndida y plena de recursos en su madurez, es a reflexionar sobre el sentido metafórico que podría adquirir esta película a propósito de la amnesia selectiva, quizás insuperable, en relación con la necesidad de la sociedad china de olvidar aspectos particularmente siniestros de su pasado, con tal de mantener vigente los intereses de quienes la controlan.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «Gui lai». Dirección: Zhang Yimou. Guion: Zou Yinghzi, sobre la novela de Yan Geling. Fotografía: Zhao Xiaoding, en color. Montaje: Meng Peikong. Música: Chen Qigang. Intérpretes: Gong Li (Wanyu Feng), Chen Daoming (Yanshi Lu), Zhang Huiwen (Dan Dan), Yan Ni (diputada Li), Li Chung (Meifang Cui), Zhang Jia-yi (doctor Dai), Liu Peiqi (oficial Liu), Guo Tao (jefe del equipo de propaganda). Producción: LeVision Pictures (China, 2014). Duración: 109 minutos.

 

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