Íñigo Errejón respondió a Pablo Iglesias. Las trampas que escondía la carta abierta del secretario general no fueron atendidas. La discusión encontró un terreno, ahora sí, abierto.

El debate ensalza a quien lo practica limpiamente. En vísperas de Vistalegre II, Errejón desatendió el engaño y situó la discusión en el terreno de la política, que es también de las ideas. Pero la época actual, esa que se denomina de la postverdad por no llamarla directamente de la mentira, ha demostrado que la falsedad obtiene pingües réditos.

La confrontación ideológica es tan necesaria que tal vez haya que reclamar la pervivencia de Errejón en la oposición de su propio partido. Para que siga vigente, en el debate, la importancia de las ideas; de la palabra. Sólo eso, todo eso.

¿Será posible el juego limpio en el foso de la política? ¿Es eso lo que dirimen Iglesias e Íñigo, que es como ellos mismos se llaman en la intimidad?

ft-carta-abierta-1La experiencia reciente de la confrontación librada en el seno de Podemos por la secretaría general de Madrid es un mal preludio. El apoyo a Ramón Espinar, encabezado por el propio Pablo Iglesias, a través de mecanismos espurios –demonizando a quienes pusieron en evidencia actitudes poco justificables– es un mal referente. Los pasos siguientes, aún peores.

A estas alturas resulta curioso que la razón que ahora esgrime el aparato en defensa de las posiciones del líder –el secretario general no puede encabezar un programa con el que no coincida plenamente– no solo se pasó por alto en aquel caso, sino que se sigue obviando. La candidatura aglutinada en torno a Rita Maestre ganó todas las ponencias programáticas. Ramón Espinar no retiró su candidatura a la secretaría general; al contrario, utilizó los recursos más rancios de la vieja política para alcanzar el puesto (y conservar, hasta ahora, otros dos más) con el pleno respaldo de Iglesias.

De ahí las dudas sobre la viabilidad del juego limpio, en el que Íñigo Errejón parece querer practicar el debate. ¿Es una manera de aceptar la derrota? ¿O una convicción? Que así sea.

 

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