Durante mucho tiempo trataron de convencernos de que la Lotería era un instrumento para recompensar a los desgraciados, de que allí donde unas inundaciones habían enterrado hombres y cosechas podía tocar el Gordo, de que en el pueblo en que el grisú había asolado vidas y empleos cabía la recompensa de El Niño, que la Lotería Nacional tenía mayor capacidad para redistribuir la riqueza que la naturaleza y, no digamos, que el gobierno.

img_jfita_20151218-164305_imagenes_lv_getty_gettyimages-84106569-kcnb-u30957783160sdg-992x558lavanguardia-webEsa posibilidad, que se pregona aún en fechas singulares mediante infinitos reportajes televisivos que muestran la alegría de los desgraciados, no ha perdido su vigencia, aunque en alguna ocasión lo manifieste a través de metáforas.

¿Quién más desgraciado, por ejemplo, en el ámbito político durante el último año que el PSOE? ¿Quién más merecedor de una recompensa del azar? Pues ahí está. Como todos los años la agrupación madrileña compró un número que fragmentó en participaciones y que los afiliados compraron y agotaron. No tocó.

¿O sí?

El número que el PSOE madrileño había adquirido se quedó dentro del bombo. Sin embargo, la lotera a la que adquirió el número fallido había tenido el gesto de compensar a su destacado cliente con cinco décimos de uno de sus números perpetuos. Un gesto común, si no hubiera sido porque el regalo (con un valor de apenas cien euros) se multiplicó hasta 2 millones de euros: el Gordo 2016.

Y entonces,el Gordo armó la gorda.

loteria_1¿Qué había ocurrido? El gerente del PSOE madrileño se había quedado con uno de los cinco décimos del regalo, el director financiero se había reservado otro y un tercer empleado de alto nivel, con uno más. Los dos restantes se repartieron entre el resto de los trabajadores del equipo de gerencia. Los demás empleados, los afiliados y los votantes se enteraron a cuenta del enojo de un prorrateo tan particular.

Desde fuera, sin posibilidad de reclamar una parte del botín, sólo queda reconocer el interés de una metáfora que puede acabar en símbolo. Por todo lo que revela. El regalo remite a comisiones políticas que disfrutan unos pocos, aunque se trate de un detalle tan común en estas fechas. Demuestra que en el PSOE el concepto de propiedad provoca dudas: ¿a quién le correspondía el regalo: a los que llamaron a la lotera para que les reservara un número o a quienes compraron las participaciones? ¿A los gestores, a los trabajadores o, si cabe, a los afiliados? ¿O fue la lotera la que fijó los cupos?

No hay debate. La Ejecutiva huye del conflicto. Alfonso Guerra hace mutis en el vino navideño. El comité de empresa quiere intervenir, porque considera que esta es una cuestión laboral. Y el gerente denuncia a la policía que su décimo ha desaparecido, mientras unos conocidos le recuerdan que hasta ahora venían jugando la lotería… ¡a medias!

Los que corrieron a tuitear que tras tantas desgracias merecían la alegría lotera, quizás deban desconfiar de que la Lotería sirva para aliviar a los desafortunados. Máxime si, cuando el azar corrige a las matemáticas y la excepción confirma la regla, aparecen los despropósitos y el mangoneo.

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